martes, 25 de mayo de 2010

Un periodista del Imparcial en Setenil (4): Los misterios del "caballismo"

Nota: Esta entrada es la continuación de Un periodista de El Imparcial en Setenil (1), (2) y (3), publicadas en estradas antiguas de este mes de Mayo (pasamos los enlaces al final de estas líneas), y cuya lectura es imprescindible para coger el hilo del relato. Ya saben ustedes, nos pilló la romería y lo trastocó todo.
De CARTELES

Manuel Weiss, el reportero de El Imparcial que cubre el asunto del Vivillo, sigue mandando sus crónicas desde Setenil para que sean publicadas cada dos o tres días en el diario madrileño. Nos ha contado sus vicisitudes en el viaje, la impresión que le causa su llegada a este extraño y misterioso pueblo de la Andalucía profunda, su entrevista con Pedro Guzmán, una de las víctimas del forajido, y con el Cabo Romano, comandante de puesto de Setenil que fue el primero en salir en su búsqueda.
Weiss es un periodista sagaz que calla más que habla y se da cuenta de que no le dicen toda la verdad de lo sucedido o se omiten algunos detalles en los testimonios, unos por secreto profesional y otros por precaución, es como si el asunto del robo del Vivillo fuera una cosa natural e inherente a la naturaleza atrabiliaria del sur salvaje y misterioso que se describe en las novelas románticas.
Nuestro periodista cabila pensativo después de la cena en ese salón de la Posada de la Victoria que ya conocemos, y su natural observador se fija en aquellos detalles intrascendentes quizás para el esclarecimiento de los hechos, pero vitales para dar forma y cuerpo al relato. Weiss se deja llevar quizás por encanto de placentera vida nocturna en Setenil:
"La posada silenciosa durante el día, se había animado mucho aquella noche después de la cena. Por el portón, de par en par abierto, entraban y salían los huéspedes, los trajinantes y también los vecinos curiosos que, con cualquier pretexto, acudían a ver al señor forastero, al periodista que había venido desde Madrid para enterarse de lo que le había ocurrido á Pedro Guzmán con el célebre Vivillo en el camino de Villamartín.
La luz blanca y vivísima que brotaba de un mechero de acetileno pendiente del techo, resbalaba por las blanqueadas paredes del portal y sobre el oscuro trozo de calle que servía de fondo al marco de la puerta, veíanse cruzar sombras humanas, femeninas siluetas, que iban y venían por aquella vía principal, donde se hallaban establecidos los pocos comercios de Setenil..."
Gracias a ese gusto literario de nuestro periodista, tan criticado por otro lado por sus competidores, podemos hoy disfrutar de estas fantásticas perspectivas de la vida cotidiana del Setenil de comienzos de siglo, quedándonos con algunos de los mejores pasajes, reales o inventados, de cuanto se ha escrito sobre nuestro pueblo:
"...En el espacioso portal, de suelo empedrado en el centro y embaldosado en los márgenes, comenzaban á extender sus zaleas y á preparar sus lechos improvisados los madrugadores arrieros, en tanto que el cosero desalbardaba su mulo y el mulo olisqueaba, alargando el pescuezo, la mesilla en que despachaban la cena los quincalleros ambulantes.
De un local inmediato que forma parte de la misma posada y hace las veces de café y casino, partía el confuso rumor de voces que discutían, charlaban, reían, dominadas intermitentemente por el sonido inequívoco de las bolas de billar al chocar entre sí.
Antes de retirarme á mi habitación, donde las virginales cuartillas me esperaban, me había situado en el umbral de la puerta de la calle. La noche, clara y templada, parecía una noche de primavera. A la luz vacilante de un farol próximo contemplé ensimismados á dos novios que, en la reja de una casa frontera, pelaban la pava. Del galán sólo se percibía la escorzada figura, indolentemente apoyada en los barrotes de aquella cárcel de amor, y la tapa de un sombrero de los que por aquí llaman hongos y el resto de España llaman cordobeses ó sevillanos. De la festejada moza pude ver, aunque confusamente, el torso vestido de claro y la cabeza coronada de negros cabellos entre los cuales blanqueaba una flor que no tardó en ir a parar á los labios del tenorio de chaqueta corta...
-¡Amor!...Es el único bien que hay en la vida- pensé con el poeta, recordando otras noches y otras flores (¿quién no tiene algunas en su vida?) que alegraron los días de mi ya fugitiva juventud".
Weiss se nos pone tierno y sentimental mientra nos relata esta secuencia que sucede frente al portal de la posada. Hasta ese momento, los cronistas nos habían contado las hazañas y reyertas de moros y cristianos, y de los viejos legajos de los archivos salían los fríos datos de repartos, testamentos y pleitos, historias de guerrilleros y bandoleros por la sierra, pero hasta ahora nadie nos había contado el encanto de una pareja de novios en Setenil durante una suave noche de Septiembre. Desde luego que tuvimos suerte con el hecho de que el director de El Imparcial nos mandara a este periodista con vocación de literato.
De este ensimismamiento pasajero que sufre Don Manuel, viene a sacarle un extraño sujeto que entra en la posada y le da un golpe amistoso en el hombro para llamar su atención. Weiss lo describe como un tipo alto "...con el sombrero de ala ancha muy echado a la cara, que sin detenerse y haciéndome con la cabeza una seña para que le siguiera, empezó á subir los tramos de madera que conducen al piso superior de los que tiene la posada...representaba unos treinta años, iba bien vestido á la andaluza, y su rostro, afeitado completamente, lo mismo podía pertenecer á un labrador acomodado de aquellos contornos, á un contrabandista de los muchos que pueden verse por Setenil, ó ¡quién sabe! si alguno de los mozos crúos que en estos días han resucitado las andanzas del caballismo".
Los dos desconocidos se sientan en una mesa de un saloncito y el caballista da dos palmadas para que el mozo les sirva unas copas de aguardiente. Saca un paquete de tabaco de Gibraltar y papel de liar, le ofrece a su intrigado acompañante y los dos se lían unos cigarros. ¿Quién es este enigmático personaje que aborda de esta manera a nuestro protagonista?
El propio Weiss se muestra perplejo como podemos comprobar, aunque por su natural tranquilo e inquisitivo no se deja intimidar, mientras permanece a la espera de que el desconocido le saque de dudas.
El caballista se presenta como natural de Estepa, paisano por tanto del Vivillo, y tajantemente y sin preámbulos asegura al periodista que conoce de las andanzas del bandolero, así como su paradero.
Ahora el que se queda perplejo es el muchacho cuando Weiss le responde que no le interesa "...no soy polizonte ni guardia civil”.
¿Entonces a que ha venido usted a Setenil? El periodista le expone las causas de su viaje, que no son otras que conocer las causas del resurgir del bandolerismo en la región, y que nada le importa saber en que boquete se ha metido el Vivillo o que es lo que ha hecho con el botín de su robo.
El misterioso caballista se queda descuadrado ante la inexorable respuesta recibida, pero aún así insiste, “pues mire usted, valga por lo que valiere y por si le sirve a usted de algo, yo quiero decirle lo que sé”.
Evidentemente el muchacho tiene interés en contar lo que sabe, y Weiss, con cierta resignación quizás, se somete a pasar la noche oyendo su historia.
Comienza entonces el caballista a hablarle del robo a los feriantes de Setenil, y que los ladrones no se encuentran escondidos en cerros escarpados ni oscuras cuevas, sino que andan tranquilamente por sus pueblos, donde encuentran refugio y descanso, ya que ni la población ni las propias autoridades darán cuenta de su paradero. Así ocurre con el Vivillo, que lleva una sosegada vida familiar en su Estepa natal, y que “ha puesto sus amores en su hija, guapísima muchacha cuyos vestidos de seda y joyas valiosas son la envidia de sus compañeras y amigas”.
Sigue aportando valiosos datos sobre el robo en la Cañada del Boquerón y deja caer la posibilidad de que otro bandolero famoso, un tal Paco Vilches, estuviera compinchado con el de Estepa para perpetrar el robo.
¿Paco Vilches? Ahora Weiss empieza a mostrar interés por el relato y le pregunta por este nuevo personaje en la historia
“Paco Vilches es un contrabandista de Alcalá del Valle, al que hace cerca de un año que no se le ha visto por aquí. Según la Currita, su amada, muy conocida en Setenil, Vilches se marchó á probar fortuna a Buenos Aires, y se sabe que hace unos meses escribió una carta á su amiga anunciándole que en Abril desembarcaría; pero es lo cierto que nadie dice que le haya vuelto á ver por aquí”.
El caballista deja caer que el Vivillo no podría haber actuado sólo y que ha necesitado de los conocimientos del de Alcalá para perpetrar el robo, de hecho, mientras un grupo de forajidos maniataban a las víctimas, dos de ellos permanecían apartados del sendero a cierta distancia, con lo que deduce que se podía tratar del Vilches y el Vivillo, jefes a la par de la cuadrilla de bandoleros.
El visitante sigue largando detalles de la vida del Vivillo, de la ayuda que recibe de sus paisanos con la complacencia de las autoridades, y que se le puede dar caza tal y como ocurriera décadas atrás con el Maruso, otro famoso forajido que cayó en manos de la Justicia, dando detalles del procedimiento ideal para su captura. Pero nuestro amigo Weiss es mucho periodista, y como perro viejo que es desconfía de su interlocutor. ¿Por qué razón habla de esta manera del Vivillo? ¿Qué interés puede tener en que sea capturado? ¿Por qué le quita el protagonismo exclusivo en el robo a los feriantes?
Entonces, como una chispa, una idea relampaguea en la cabeza de Weiss: “¿Será este hombre un amante despechado y vengativo de la gallarda hija del Vivillo? Asido a esta sospecha, me propuse observar y arrancarle sagazmente sus secreto á mi desconocido interlocutor...”
Quedan los dos hombres, caballista y periodista, en el salón de la planta superior de la Posada de La Victoria. Les han servido otras dos copas de aguardiente y encienden sendos pitillos. Abajo los muleros y los arrieros juegan a las cartas y al billar, y en la calle, ya más tranquila a estas horas, el mozo sigue requebrando a la chavala de la reja. Mientras tanto, nuestro periodista de El Imparcial, apura a sorbos de aguardiente su última noche en nuestro pueblo.
Mañana trataremos de saber el resto de esta conversación nocturna, y ver definitivamente en que quedan todas estas confidencias literarias de Manuel Weiss en Setenil.

Enlaces:
Un periodista del imparcial en Setenil (1) El viaje y primera noche en la posada.
Un periodista del imparcial en Setenil (2) En casa de Don Pedro.
Un periodista del imparcial en Setenil (3) Entrevista con el cabo Romanos
Fuente:
Manuel Weiss. Los Misterios del "Caballismo". Diario Liberal El Imparcial. 5 de Octubre de 1905. Hemeroteca Nacional.

2 comentarios:

  1. Amigo, este comentario no es por el articulo, es solo para decirte que el cuadro de Sorolla que has puesto es uno de mis preferidos, nuestro amigo Sebastian tiene el encargo de conseguirmelo como hizo ya con la Rendición de Breda.

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  2. Y también es uno de mis preferidos. cuando vino la exposicón de la Hispanic Society fuí a verla al museo y aluciné en colores.luego me llegué dos o tres veces más, y es algo increíble tener a todos estos cuadros a menos de 1 metro de tusa narices. son gigantescos, sobre todo el de castilla.
    buen gusto, si señor.

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