martes, 10 de diciembre de 2013

Una visita a Setenil

 
Tantas veces les había hablado de su pueblo, tantas veces les había contado lo del río y los tajos, lo de las calles con techo de piedra y casas encastradas en la roca, tantas veces les había invitado a Setenil, que finalmente aceptaron y vinieron.
Antonio Guerra ejerce de cicerone con estos amigos y compañeros. La rusticidad de este pueblo troglodítico e imposible contrasta mucho con ese lugar cerca del mar del que vienen. Para Antonio, que se ha criado en las laderas del Tejarejo, esta es su tierra, su patria chica.
Pantalones de campana, cuellos de pico, camisetas ajustadas, el papel Kodac y ese tinta desteñida no dejan lugar a dudas; Finales de los setenta o el mismísimo año ochenta diría yo. La portada del torreón aún conservaba ese aire primitivo y guerrero que todos recordamos y  Cabrerizas es la misma calle por la que Curro Jiménez saliera de Setenil en aquel capítulo de la serie. los geranios engalanaban Herrerías que, aunque no podamos verlo, aún conservaría su empedrado. La Plaza cuando aún era La Plaza, lugar de encuentro y parada, bellas y blancas portadas, el puesto de Morenito y la escalerilla a su derecha. La antigua Posada ya ha sido derruida en la Calle Ronda y podemos ver el solar donde Bernabé construirá en breve su Pozá.
Las viejas casas de La Calle Triana aún en pie recordando un Setenil de arrieros y tratantes, la Caja de Ahorros de Ronda, la de los almanaques de Mingote, antes, mucho antes de fusiones, enciclopedias y cuberterías . Finalmente el grupo en el Lizón con la Ventosilla al fondo.
En definitiva, un pequeño reportaje  del pueblito perdido en la sierra que todos recordamos.
 
Pd. Como siempre, agradezco a Manolo y Alegría por compartir con nosotros estas fotografías, un pellizco de sus vidas y la de los suyos.
 
¡Salud amigos!






domingo, 1 de diciembre de 2013

Dos familias de Setenil reclaman los restos de la fosa de Cádiz

Dos familias de Setenil han reclamado los restos de sus parientes que fueron fusilados durante la Guerra Civil y enterrados en la fosa común del cementerio San José de Cádiz, un camposanto cerrado en 1992 y que está en demolición.
Se trata de Salvador Porras Guzmán, apodado “el de Isabel las Ánimas” y Rafael Marín Guzmán “El rubio de la mariposa”, dos trabajadores del campo de 22 y 25 años afiliados a la UGT. Son dos de los cinco setenileños identificados por el historiador José Luis Gutiérrez Molina en esta fosa amenazada por la excavadora, en la que están enterradas 43 personas.
Sebastián Guzmán “El finfo” e Isabel Martín Porras “la de Juan Chorro” le han trasladado al alcalde del municipio, Cristóbal Rivera, los datos publicados en Setenil Rural e Imagina Setenil para recuperar los restos de sus familiares y los otros tres vecinos, y nos transmiten que ya se han iniciado las gestiones para evitar que la excavadora se lleve por delante sus huesos. Hay que felicitar al alcalde por hacerse eco de este acto de humanidad que le reclamamos y por ofrecerles un lugar de reposo en el cementerio local.
Los otros nombres de Setenil, cuyas familias aún no se han localizado, son: Francisco Domínguez Valle ”el hijo del Corro” (hijo de Rafael Domínguez Camacho y Catalina Valle Góngora, del Cerrillo) , Diego Gil Ruiz y José Muñoz Suárez (hijo de José Muñoz Verdugo y María Suárez Vargas), quienes también merecen un entierro digno en el pueblo que les vio nacer y a los que una maldita guerra se llevó por delante.
A los muertos se les deja tranquilos cuando se les entierra con respeto y no se les sepulta en el olvido. Las familias se merecen un lugar donde recordar a sus parientes y Setenil se merece reconciliarse con su pasado, que conocemos gracias a los desvelos que muestran historiadores como Santiago Moreno Tello, José Luis Gutiérrez Molina, Fernando Romero (“Todos los Nombres“) o Jesús Román (“Papeles de Historia“), a los que siempre estaremos agradecidos por su interés y cordialidad.

RAFAEL VARGAS VILLALÓN y PEDRO ANDRADES

martes, 19 de noviembre de 2013

Setenileños fusilados y enterrados en Cádiz

Nos envía el historiador Santiago Moreno Tello, autor de "La destrucción de la democracia: vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz" (Editado por la Consejería de Gobernación y Justicia de la Junta de Andalucía), este correo para dar a conocer el nombre de cinco setenielños fusilados en Cádiz, y enterrados en el antiguo cementerio de San José, por si algún familiar quiere reclamar sus restos, según aparece en el artículo  de J. L. Gutiérrez Molina: Pasadas por las armas. Localización de las 43 personas fusiladas en 1937 por los golpistas en Cádiz a consecuencia de los procedimientos sumarísimos de urgencia".
Esta es la nota de Santiago:

Estimado Rafael,
hace un par de semanas José Luis Gutiérrez Molina publicaba en Todoslosnombres.org el siguiente artículo:

Da a conocer el nombre de 43 fusilados en Cádiz y su lugar de enterramiento en el Cementerio de San José de la ciudad.
Como podrás ver hay al menos cinco paisanos tuyos. Además fueron enterrados en fosa común, es decir siguen allí.
El cementerio de San José fue clausurado en 1992. Pero sigue en pie. Se han trasladado los restos de los enterrados en nichos, pero no ha ocurrido lo mismo con los enterrados en el suelo.
El ayuntamiento ha abierto en varias ocasiones plazos para que familiares reclamen los restos, pero la desinformación, el desinterés, etc, ha hecho que apenas media docena de familiares lo hagan.
Te escribo para proponerte que en tu blog hagas una llamada de atención a la gente de tu pueblo por si las familias de estas cinco personas quieren reclamar la exhumación de estos asesinados. En el caso que se diera con el cuerpo los gastos corren a cuenta del Cementerio. No hay coste para quien reclame.

Los setenileños que aparecen en esta lista son los siguientes:
Francisco Domíngues Valle
Diego Gil Ruiz
Rafael Marín Guzmán
José Muñoz Suárez
Salvador Porras Arjona
En el archivo aparecen la fecha del juicio y el día que fueron fusilados, así como su oficio y afiliación. Todos estos hombres aparecen como naturales de Setenil,  trabajadores del campo y afiliados a la UGT.
Si alguien quiere más datos, que no dude en ponerse en contacto con nosotros.

¡Salud!

 

Nuevas fotos del Tejarejo


Quieren compartir Manolo, Alegría y la pequeña Teresa con todos nosotros estas antiguas fotos del Cortijo del Tejarejo, que nos pueden servir para completar el reportaje que hemos ido publicando durante los últimos años, y que junto con la amplia entrada que Rafael D.C. realizó desde su Setenil, Historia y Numismática, nos ayudan a conocer una de las explotaciones agrarias más importantes de Setenil y su comarca.
En la primera imagen podemos apreciar lo que entonces era un balcón porticado y hoy un salón con vistas al Noroeste de Setenil. Desde esa esquina podemos apreciar a primera vista el olivar y el monte setenileño al fondo.
En las siguientes Imágenes, dirigida la cámara más hacia la izquierda del fotógrafo, podemos ver una panorámica del extenso pinar que resaltaba majestuoso y gigante entre los olivos. Al fondo podemos imaginar que está el mismo casco urbano de Setenil, una manchita blanca escondida entre los tajos.
Me cuenta Manolo, que la madera de aquel pino telúrico y desproporcionado vencido por el viento que aparecía en el anterior reportaje, fue donada por los propietarias para la construcción de la puerta de la Iglesia de Nuestra Sra. de la Encarnación, imaginamos que la actual que hoy luce en la fachada principal.
En las imágenes posteriores podemos ver una imagen del patio interior, un niño posando con los pinos de fondo y una panorámica del cortijo vista desde el huerto y la alberca.
Reitero las gracias a la familia Guerra por compartir estas imágenes con nosotros.
¡Salud!

Para saber más:
El Tejarejo,una visión retrospectiva (I). Setenil Rural
El Tejarejo,una visión retrospectiva (II). Setenil Rural
 
 







Un pequeño universo en el huerto

No me pilla Juan en mi mejor momento, ando algo constipado y tengo cosas que hacer. Me da algo de charla pero ve que es inútil, que no le doy mucho juego, así que se afana en su cafè y se pone a ver la tele.
Al rato lo intenta de nuevo.
Te voy a contar una cosa curiosa Rafael.
El lazo está echado, Juan sabe que no me puedo resistir a sus historias, por muy extravagantes que sean. Casualmente, una de las últimas veces que hablé con él ponían una serie sobre el universo y las estrellas y Juan me dejó algún comentario sin desperdicio, ideas que ni se me habrían pasado por la cabeza. Hoy dan algo parecido en la segunda cadena.
Pese a que estamos sólos, mira el hombre para los dos lados, como para asegurarse de que nadie nos escucha, y señala una nebulosa brillante que aparece en pantalla.
Te voy a contar una cosa que me pasó cuando chico Rafael, una cosa que aunque parezca extraordinaria no era tan rara por aquellos entonces en Setenil, como más tarde comprobé.
¡No hay remedio! Juan va ha comenzar su relato.
Era yo un chaval de doce o trece años cuando estaba al cuidado de un sandial que tenía mi abuelo en el campo. Sandías de esas verdes que había antes, todas iguales, grandes y brillantes. Cuando estaban las sandías para cogerlas, empezamos a darnos cuenta de que algunas tenían signos y figuritas brillantes que se distinguían en el verde. Si las mirabas bien podías ver estrellas, unas grandes y otras más pequeñas, se distinguía una figura en el centro que se asemejaba al sol, más resplandeciente que ninguna otra, con sus rayos y todo, y la luna en todas sus fases, la llena, la enmediá, la creciente y la menguante. Al lado los planetas, algunos de gran tamaño y otros minúsculos, las constelaciones; la osa mayor, la menor, el carro …
Yo me quedo sin palabras. Muchas de las historias asombrosas que conozco se las debo a Juan, pero esta de verdad me deja perplejo; ¡un pequeño sistema solar en una sandía!
¡Qué una ni dos! ¡veinte o treinta en todo el sandial! Y todos los años igual. Me interpela Juan y prosigue:
Yo me llego a mi chacho, le comento el caso y entonces me dice que eso era normal, que eran las sandías luneras que le decían y que la gente del campo las conocía desde siempre.
Como tantos otros, Juan y su familia calló este fenómeno. Era una cosa que pasaba y ya está, no era plan de que lo tomasen a uno por loco, me comenta. Yo me pongo a pensar sobre el asunto. Tiene que haber una explicación lógica. Posiblemente la misma luz de los astros quedara reflejada como una fotocopia en la piel de la sandía. Mi confusión se incrementa cuando Juan me asegura que el mapa estelar se extendía por toda la esfera, incluso la porción de fruta que estaba en contacto con la tierra.
Juan no puede parar ya. Me habla de otros fenómenos que se sucedían en la huerta, que si los rabitos de las habas en años bisiestos y años normales y otros prodigios hortofrutícolas, de luces y sonidos en la noche, de extrañas formas en el cielo. Yo le advierto de que todo lo que me cuenta pienso ponerlo negro sobre blanco, que tengo la intención de publicarlo. Esto parece disuadirlo por un instante, pero sigue.
¡Mejor! Así alguien que entienda de las cosas estas le pueda encontrar una explicación al asunto. Hoy Juan, hombre por lo natural de temperamento comedido, está desatado.
De buenas a primera las sandías luneras se hicieron más raras hasta que dejaron de aparecer, y te digo que ni yo ni nadie que yo conozca hemos vuelto a ver ninguna como aquellas que se veían antiguamente.
Juan calla y vuelve su vista hacia la pantalla del televisor donde la imagen recrea un paseo por los anillos de Saturno. Finalmente suelta una de esas prendas que no tienen desperdicio:
¿Sabes lo que creo que pasó? Pues que se rompió un vínculo muy especial entre el hombre y la naturaleza, se quebró una relación que había existido desde siempre y sabe dios cuando se volverá a repetir.
Como es habitual, Juan me deja a cuadros. Pienso en lo que me ha contado aunque no termino de creerlo. No es que piense que me está engañando sino que él mismo pudo estar confundido, que creyó ver algo parecido a una constelación en un sistema solar en el sandial de su abuelo, pero por otro lado, me dice que era algo normal por aquellos entonces y que eran muchos los labradores que tenían luneras en sus pueblas. Yo mismo, al inicio del relato, pensé en una lógica científica, en el poder que los planetas y los astros ejercen sobre las personas, los animales y en definitiva en todos los seres vivos.
Damos por válido todo lo que nos cuentan extraños a diario en los medios de comunicación, en programas destinados al entretenimiento, en libros con el marchamo de serios, los razonamientos de predicadores de tres al cuarto, y no damos crédito al testimonio de un vecino al que tenemos en gran estima.
¿Por qué razón la historia de las sandías luneras no puede ser cierta? Nos ha tocado vivir una época extraña y desconcertante en la que los grandes dogmas que sostenían como pilares la sociedad han caído. Nada es eterno ni perenne, todo muta. Ni la religión ni mucho menos la política pueden darnos consuelo, en ética todo es relativo y cuestionable, infalibles gurús aparecen a diario para darnos soluciones temporales, nuevos dioses: el dinero, el deporte, la tecnología.
Este mundo parece que va que se las pela, que haciendo buenas las teorías de la relatividad, los relojes van cada vez más aprisa y en el fondo lo que dice Juan puede tener su lógica, que se ha roto un vínculo muy especial en tanto en cuanto los hombres no tenemos ni el tiempo ni quizás las ganas para pararnos un momento a mirar el cielo en una noche estrellada.
En fin amigos, que cada uno piense lo que quiera. Desde luego la historia de Juan y de las luneras es extraordinaria, pero tiene su lógica y razón. Yo, que desde hace algún tiempo he puesto mis creencias e ideologías en cuarentena, no podré reprimir la curiosidad de echarle un vistazo a cada sandía antes de clavarle el cuchillo. ¿Quién sabe?

¡Salud amigos! en esta fría tarde de otoño.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Un otoño caliente (II)

La semana pasada, unos días antes de que llegara el puente, un operario, cual guerrero homérico en las costas de Troya, alcanzó Las Cuevas del Sol. Con paso cansino pero decidido, bien pertrechado de cubo y escoba, se dirigió a esa papelera amiga mía. Pausadamente, con la mano firme del que conoce bien su oficio, anuda la bolsa de la basura, la saca de su recipiente y la mete en el cubo con ruedas que traía rodando. Así de fácil, así de sencillo. Atrás quedan quince días ¡quince! de agradable compañía, del sutil aroma de aquello que suponemos podrido, de la rutina costumbre de estar a diario junto a esa montaña orgánica y viva en continuo crecimiento.
Cuando el operario se alejaba con su preciada carga, me pareció ver a aquella familiar cáscara de plátano despedirse de mí diciéndome adiós con su manita. ¡Hasta siempre amiga! Suerte allá donde vayas.
Cae el otoño por estas tierras. Ayer, una manta densa y fría barrió el término y sumió a Setenil en un triste gris. Luego salió el sol y la humedad se disipó en minutos creando una atmósfera difuminada e irreal. Después de la tempestad siempre viene calma, axioma válido tanto para la climatología como en la hostelería e industrias afines.
Se nos fueron las fiestas de Todos los Santos y Difuntos y un año más nos quedamos sin un especial en este blog, siendo precisamente este uno de los temas que más me gusta tratar, tanto por celebrarse en las medianías del otoño como por tratarse de una fiesta extraordinaria en todos los sentidos, nada más y nada menos que un acercamiento a la muerte y todos sus fastos.
Otra cosa es lo de Halloween que año a año triunfa en nuestro país merced a la publicidad y sobre todo a la claudicación vergonzosa de profesores y padres que olvidan la extraordinaria tradición popular, religiosa y pagana de la cultura y mitología hispánica. Luego querremos que los ingleses nos devuelvan Gibraltar.
Yo desde luego me quedo con mis historias de fantasmas y aparecidos, con los sobrenaturales seres del bosque y las fuentes, con las ánimas benditas, con el ancestral respeto a los lugares donde reposan los restos de aquellos que se fueron, con el Don Juan Tenorio y las leyendas de Bécquer…en fin todo aquello que los españoles un día llevaron a América y que aún hoy perdura vivo y enriquecido en aquellas tierras más aún si cabe.
En fin, que le vamos a hacer. Como digo se me quedó en el tintero ese especial y con él unas fotografías antiguas que vienen a representar ese primitivo respeto a la muerte tan nuestro, tanto la que se vislumbra en el horizonte como la que ya resulta un hecho consumado. Para el próximo año será.
Pasaron estas fiestas tan bonitas de visitas al cementerio y castañas asadas. Una multitud hipoglucémica, ávida de ver y comer en hora y media todo lo que pudiera, desembarcó en Setenil. ¡Miles, miles de personas! ¿Quién puede barajar eso? A esto lo llaman turismo de aluvión, que sin bien te puede salvar la caja del mes no deja de ser peligroso por las funestas consecuencias que puede acarrear. ¿Pueden comer todos en el pueblo? ¿Dónde hace sus necesidades tanta gente? ¿Acaso pueden aparcar sus vehículos cuando no hay ningún lugar habilitado para tal efecto?
El caos del tráfico fue colosal y para colmo de males las fuerzas de orden público multaron a los vehículos que estacionaban en los arcenes de la carretera. No termino de dar crédito a esta noticia. Unos dicen que fueron cientos y otros dicen que sólo unos cuantos. La Guardia Civil, los municipales o todos fueron los que se pusieron a rellenar formularios de multas, competencia municipal o de la Comandancia, seguridad vial o simple afán recaudatorio…lo cierto y verdad es que al visitante que le endiñen una multa por venir a Setenil, cuando encima no ha encontrado ningún lugar para aparcar, ese no viene más.
El Ayuntamiento, en todo caso debe de poner manos en el asunto porque de otra manera estaría eludiendo algo que es de su total responsabilidad.
¿Afán recaudatorio? Llega el pago anual de las contribuciones. Setenil, un año más, uno de los pueblos de la provincia de Cádiz donde más han subido los tipos y que nadie nos engañe…se trata en gran medida de una competencia de los ayuntamientos, así que ya no pueden escurrir el bulto como si la culpa fuera de otros. A este paso, vivir en un pueblo como este será más caro que hacerlo en una ciudad y tener una cochera en cualquier cueva de Setenil será más gravoso que un local de la Castellana de Madrid.
Esto en un problema que afecta directamente a nuestro bolsillo, máxime si no tenemos muy claro cuales son los servicios a los que se destina parte del dinero recaudado y la calidad de los mismos es cada vez peor.
Inspectores de aviesas intenciones, multas y sanciones. Me acuerdo yo de aquel arriero que hizo fortuna acarreando tierra del río a las obras de la carretera. La vida antiguamente sería mucho más dura pero también más fácil y todo parece enmarañado, turbio y sucio.
Lluvia de meteoritos en Las Cuevas, espectáculo asegurado ¡que falta hace una limpieza a fondo de los tajos! porque cualquier día habrá una desgracia. No pueden ni imaginarse la cara de sorpresa y estupefacción que se le queda a los turistas cuando un recio bollano de piedra caliza se precipita al vacío desde las alturas y se hace añicos a pocos metros de donde degustan una masita de chorizo. ¿Seguro que esto no se cae jefe?
Que no hombre que no, que esto lleva mucho tiempo así… ¿tan mala suerte vamos a tener que nos va a tocar a nosotros? Le responde uno sin mucha convicción.
Como dice un amigo nuestro, si las Escuevas dicen a caerse, mejor que el desprendimiento te pille en el Llano del Higuerón.
Bien lejos, a Sevilla de fueron los niños de Sonrisa Libre con sus familiares, que allí les esperaba nuestro amigo Pedrín con Modesto Barragán, Juan y Medio, Alvaro Moreno de la Santa y Nuria del Saz para que Pedro Caballero les hiciera el reportaje de un calendario que será la sensación de las navidades.
Hay que ver la de cosas que lleva hechas Pedrín en tan poco tiempo. Desde Imagina Setenil ha puesto el pueblo patas arriba creando una herramienta de corte profesional que se ha convertido en la auténtica gaceta local, informando y fomentado un debate necesario y vital para la salud social de este pueblo.
Esto se llama movilizar al personal, ayudándonos además con su aliento y cariño a tener un sentido crítico de las cosas, a pensar por nosotros mismos y a no temer decir lo que ven nuestros ojos. Y todavía hay gente que busca una explicación a esa conducta altruista, como si ayudar a tus vecinos fuera algo meditado y preconcebido para alcanzar otros fines. Cree el ladrón que todos son de su condición. Personajes y personajillos, mediocres,  trincones y bravucones de tres al cuarto, perdonavidas que no soportan que otros sean capaces de hacer cosas que a ellos ni se les ha pasado por la cabeza, gente en definitiva que son incapaces de mover un dedo por sus semejantes si no hay pasta de por medio. Sus amenazas, sus anonimos y aspavientos suenan a rebuznos en la noche. Que la indiferencia y el olvido caigan sobre ellos.
Aixa, Fátima la Horra, la sultana despechada, odia al emir de Granada, y será capaz a azuzar a Boabdil, el hijo de ambos, contra el propio padre. Mientras tanto el emir ama a Isabel de Solís a la que hará su esposa. Cae Zahara en manos nazaríes, Gonzalo Fernández ama en secreto a Isabel pero ella sólo tiene ojos para Fernando, y Fernando…bueno, este las ama a todas. El mundo se derrumba a nuestros pies y nosotros nos enamoramos.
Los Reyes Católicos ya están en Álora, la bien cercada. Ramírez prepara sus bombardas, el Marqués de Cádiz galopa al frente de sus dos mil de a caballo. Fernando, el hábil estratega en el Maquiavelo se inspirara para su Príncipe, prepara el asalto definitivo de Setenil, la perla de Granada, mientras Isabel le espera en Sevilla.
Los lunes por la noche, amigos míos, batallitas.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Un otoño caliente (I)

Vinieron estas someras aguas a enfriar algo la atmósfera, que ya venía siendo necesario. Lluvia para darle el último empujoncito a esas aceitunas que se van pintando de negro en los olivos y lluvia para limpiar de polvo caminos y veredas. Quedaron atrás el ordeño de las viñas y la cosecha de membrillos, aromas de mosto y frutas confitadas. Papeletas, lotería de navidad y polvorones, que hay que pagar el viaje de fin de curso y restaurar las imágenes. Así somos por estas tierras, cuando aún no ha llegado el invierno ya estamos pensando en abriles y mayos, un pueblo el nuestro que vive por y para los esplendores de la primavera.
Hace unos días, hablando con una anciana señora de lo mal que andaban las cosas por el mundo, me interpeló; ¡Y Padre Jesús fuera de Setenil! Quizás no lo había pensado antes, pero es verdad. Lo que para algunos significa un mero trámite, para otros puede resultar difícil  y complicado estar lejos de esas veneradas imágenes a las que dirigen sus plegarias en los momentos de dificultad.
Un amigo nuestro, algo descastado en estas cuestiones, admitámoslo, se encontró a Padre Jesús en Sevilla capital. En las fotos se le ve emocionado, no es para menos, es como si te encontraras con un viejo paisano por la calle Sierpes y te paras un ratillo con él cuando quizás en el pueblo la cosa quedaría en un simple ¡Ay! ¡Eh! ¡Que pasó!
Fenómeno curioso este. La cámara vacía, la cruz postrada, Simón absorto. Hay gente en Setenil que cuenta los días desde que esta sagrada imagen saliera de San Benito y no ve el momento de que lo traigan de vuelta.
Los días de sol traen marejada de visitantes. Este otoño los recibimos con contenedores nuevos, ahora sólo falta que recojan de vez en cuando la basura. En las Cuevas del Sol las papeleras llevan tres semanas hasta la bandera luciendo al sol y la lluvia un pastel sucio y maloliente. Imagino que como viene siendo habitual de puente a puente, del puente de los Gallos al de la Calle Ronda y del puente de la Hispanidad al de los Santos.
Los viernes pasa una señora mayor barriendo las calles. La pobre mujer pone interés, que lo deja todo muy limpio, pero luego no encuentra donde dejar la basura. Las hojas de lechuga y las cáscaras de plátano recibirán a los turistas una semana más…¡Setenil con los cinco sentidos!
Luego está lo de la señora, que aquí se ayuda a todo el mundo, faltaría más. Alguien, quizás algún setenileño preparado y estudiado de esos que han tenido que dejar su tierra para ganarse la vida por esos mundo de dios, debería explicarle a esta gente lo de Keynes, por que me da la sensación de no lo han entendido bien del todo.
Hablando de setenileños por el mundo; Francia, Suiza, Alemania, Holanda. Los hijos de aquellos emigrantes retornados de los noventa cogen ahora las maletas y se vuelven para esas europas donde nacieron. Triste sino el de estos pueblos sin pan ni trabajo para sus gentes. También tenemos alguno en Oxford, si señor. Este si que sabe de economía. Me imagino a mi amigo como a Jarry Potter en el Colegio Hoqwart de Magia y Hechicería.
Magia y hechicería es desde luego lo que haría falta para darle un arreglo a esto. Los tontons siguen llevando a los visitantes a Los Villalones y de allí de vuelta por sus pasos a Algodonales, ¡toma ya! Que la culpa es de Diputación…Cual, ¿de la de Málaga o la de Cádiz? Quizás sea de los pueblos interesados en esa carretera. Yo, un día que pasaba puse una caja de cartón que ponía carretera cortada pero se ve que con la lluvia se ha borrado.
Ayuntamientos, Diputaciones, mancomunidades etc. Quizás se debería crear una empresa pública para gestionar esos pequeños asuntos que se escapan de las competencias administrativas de esos organismos. Podríamos llamarlo “Instituto para cosas que no nos sale de adentro solucionar pero que de verdad interesan a la ciudadanía”. Anda que no se podía colocar a gente, así, y una escuela taller también, con una entrevista y todo para hacer las cosas como Dios manda.
Bueno todo se andará, poquito a poco que hay muchos agujeros que tapar. Por cierto, ¿nadie se ha preguntado que es lo que pasa con la depuradora?
Oiga, ¿para visitar Peña Caída?
Coja usted esta calle todo recto y cuando llegue a un lugar que apesta mucho coge a la derecha.
Vale, muchas gracias.
Setenil sigue en la inopia. No se organiza nada de interés en meses y cuando se planea algo interesante, una charla sobre algo relacionado con la represión franquista en la Sierra de Cádiz, no va nadie. Dicen que lo publicitaron en un blog y que pusieron un par de carteles, pero no resultó. Una pena. Es que no dan una a derechas. Otra polémica. Que si tu que si yo, que si pitos que si flautas... y ya van muchas. Por cierto, alguien preguntó en aquella sala por los papeles quemados el año pasado en el edificio del antiguo sindicato. La cosa parece que se mueve de nuevo y ya va siendo hora de que los responsables nos den una explicación.
Juan el de la Residencia pasa cantando por la calle. Hoy le ha dado por el “¿Dónde estará mi carro? del gran Manolo Escobar. Homenaje sentido desde Setenil Rural. ¿Saben que Manolo cantó en Setenil? Fue en una feria y en mitad de su actuación se volvió para el público y les pidió un poquito de entusiasmo, que aplaudieran al final de cada canción o algo parecido. Alguien le debería haber explicado que en Setenil somos así, apáticos por naturaleza. No es que no le gustara a la gente la actuación, que aquello estaba hasta la bandera, pero es que al setenileño humano eso de salirse del tiesto...un amigo mío dice que aquí sólo se moviliza el personal con la Legión, cuando viene una riada o cuando gana el Madrid, ¿qué le vamos a hacer?
Cada vez que veo esta calle nuestra de Gibraltar Español me acuerdo de Manolo Escobar y del ¡Qué viva España! ¡Que tío más grande!
Un incipiente verdecillo asoma en los campos, suenan las hojas de los frutales como sonajas huecas, las nueces se desprenden de sus abrigos verdes. Mañanas de niebla en la Mata, densas humaredas en la lontananza, las mujeres que suben al cementerio a preparar los nichos de aquellos que se fueron, ya huele a cisco y castañas asadas. Parece que definitivamente el otoño ha venido para quedarse.
Mis amigos holandeses, aquellos del paseo por Jabonerías y Cabrerizas ¿los recuerdan? Me mandan unas fotos; La iglesia, blanca como un merengue, se yergue hiniesta como un tóten primitivo, cúmulo de piedras sagradas recortadas en un cielo azul radiante. Nada, ni tan siquiera la petulante interpretación de reinventar lo que ya está inventado puede robarle a Setenil su gracia y belleza.
 

¡Salud amigos! y feliz fiesta de Santos y Difuntos

lunes, 14 de octubre de 2013

Un paseo por Jabonerías y Cabrerizas

Tengo la costumbre de aconsejar una rutita por Setenil. Les digo a aquellos que me piden consejo que el pueblo se estira a todo lo largo del río, que serpentea haciendo curvas y que se expande a diferentes niveles. Recomiendo sobre todo que pasen de las Cuevas, calle donde la mayoría creen que acaba el pueblo, a Jabonería y Cabrerizas y desde allí crucen el río para subir por Herrerías a la Plaza y la Villa.
El pasado viernes, al ir a recoger el coche, tuve la oportunidad de acompañar a unos amigos holandeses al inicio de esta ruta. Con mucha dificultad y trazando imágenes en el aire, traté de explicarles lo que en tiempos era la antigua ciudad medieval vista desde abajo; la muralla, la torre, la iglesia construida sobre una antigua mezquita, la mina. Les hablé así mismo de las luchas entre moros y cristianos, lo difícil que resultaba el asalto a una fortaleza de este tipo y como al final tuvo que ser la pólvora de la Reyes Católicos la que acabara por doblegar la resistencia nazarí.
Entrando en el más castizo de los tópicos, traté de contarles alguna historia de bandoleros e incluso esbocé como pude los hechos de aquel destacamento de dragones franceses emboscado no muy lejos de allí por las partidas del cura Lobo.
Estos amigos literalmente alucinaban con la imagen de un Setenil enriscado en lo alto de un muñón, el famoso nido de águilas del que hablaran los escritores, con los tajos, las peñas, con las historias de aquellos antiguos setenileños valientes y románticos, fieros y salvajes, con la visión de un pueblo encastrado en el cañón de un río, una tierra abrupta y áspera muy diferente a las verdes y amables campiñas de donde vienen.
Absorto en mi papel de cicerone los acompañé hasta el inicio de las Cabrerizas, justo donde el río traza su enésima curva y hiere la piedra de forma tan agresiva. Es justo en esa curva donde se firmó gran parte de aquel capítulo de Curro Jiménez. ¿Cómo explicar a unos holandeses quién era el famoso bandolero, héroe legendario de aquella infancia nuestra huérfana de spidermanes, bátmanes y otros seres de sobrenaturales poderes?
 Resulta aquel tramo quizás el más espectacular del recorrido; el cauce del río se ensancha abriéndose y doblándose como una enorme serpiente, haciéndonos imaginar lo que tuvo que ser en tiempos geológicos esa fuerza telúrica y abrasiva que zanja la piedra de tal manera.
Es allí sin embargo, allí mismo, donde la simple contemplación del río desde la albarrá se convierte en un auténtico espectáculo, donde podemos observar alguno de los atropellos más lacerantes que se han cometido contra Setenil; Bajo la misma ciudad antigua, en el mirador natural para ver como el Trejo escapa tramo a tramo, curva a curva del casco urbano, se erige la monstruosa imagen de una mole de hormigón que algún día será un aparcamiento. Paralelo a esto, se extiende la escombrera de hierros y cemento en la que se ha convertido un camino que se pretendió discurriera por el mismo cauce, dos de los proyectos más ruinosos y descalabrados que se han consumado en nuestro pueblo.
A principios de los años noventa Setenil aún era un pueblo abierto al río, para lo bueno y para lo malo. Todas las casas ribereñas tenían una bajadilla y en el mismo lecho había desde aves de corral a borricos. Era, como hemos hablado más de una vez, una calle más del pueblo y el lugar predilecto por los niños para jugar y divertirse. Así mismo y es justo recordarlo, se trataba de un auténtico vertedero donde se tiraba la basura y vertían las alcantarillas sus aguas fecales, un lugar insalubre y lleno de ratas en muchos casos que necesitaba de una solución para adecuarlo a los nuevos tiempos.
Fue por esta razón, así como acabar de una vez con el peligro que suponían las periódicas avenidas de agua que tanto daño han ocasionado en Setenil a lo largo de su historia, lo que hizo concebir el plan de alcantarillado de las aguas residuales dentro de la misma canalización del río, quizás uno de los proyectos más ambiciosos e impactantes de la historia moderna de Setenil.
Tuvo esta colosal obra aspectos positivos y negativos, un lógico claroscuro donde se enfrentan el pragmatismo con la belleza y la idealización de un tiempo que ya sólo existe en nuestra memoria. Al enorme impacto económico que supuso la creación de empresas y contratación de tantos operarios para las obras, habría que oponer la agresividad con el mismo entorno natural del río, con esos graderíos de roca que orillaban en la misma ribera, con la imagen de un Setenil que ascendía escalonado piedra a piedra. Quede como recuerdo del impacto de las obras la destrucción de aquel antiquísimo puente de la calle Ronda, uno de tantos disparates que se han concebido en nuestro pueblo en los últimos tiempos.
Sin embargo hoy día tenemos un lecho del Trejo limpio de aguas fecales y más seguro frente a las riadas. El proyecto de canalización del río supuso desde luego la entrada de Setenil en la modernidad. Perdimos en el camino la esencia primitiva de un pueblo que nace en la ribera del río pero que con el tiempo lo convirtió en el patio trasero de su casa.
Quizás, décadas después de haber finalizado las obras, hubiera sido el momento de reconciliarnos con este Guadalporcún, que a su paso por Setenil llamamos Trejo. Hubiera sido el momento de arreglar esas riberas de las afueras respetadas por el hormigón, disfrutar de esos tajos afilados, de las peñas, de las cuevecillas de se forman en los márgenes, de la vegetación propia de ríos y espacios fluviales, de chopos, adelfas, del radiante verdor que estalla aquí y allá con la frescura del agua. Hubiera sido el momento de disfrutar de la fauna del río, de las truchas, de los ranos y las culebras, de las salamandras que moran en las oscuras cavidades de aguas primigenias que rezuman de la piedra. Hubiera sido el momento de acercarnos a ese río nuestro con otros ojos.
Pero no, no era el momento. Bajo la misma ciudad amurallada de un Setenil de leyenda, allí donde el cemento de las canalizaciones se volvía tajo y ribera, se erigió uno de los mayores monumentos a la sinrazón que se han perpetrado en la comarca. Me refiero a ese edificio que bajo la calle Calcetas se levanta como un auténtico dinosaurio (sic), un mega parking que haría enrojecer de envidia a cualquier centro comercial del mismísimo Madrid.
De todos es conocido los problemas que hay en Setenil para aparcar, situación que han solucionado en otros pueblos de nuestro entorno con explanadas asfaltadas y señalizadas que dotan a esos municipios de un valor añadido. En Setenil no existe nada parecido. El mega parking bajo la Calle Calcetas lleva ¡¡veinte años!! en construcción y desuso, veinte años de un proyecto nunca acabado y que por si fuera poco ha destrozado para siempre uno de los parajes más bonitos del pueblo… Y encima los visitantes no encuentran donde dejar sus vehículos.
Junto a este mausoleo del despilfarro y la falta de utilidad que supone el aparcamiento, para seguir trabajando en esa reconciliación de Setenil con su río… se planifica la creación de un camino a ras del cauce por esos parajes, un proyecto bien intencionado diría yo, simpático quizás, de no ser porque este río nuestro tiene la costumbre de crecer todos años y llevarse todo lo que coge por delante. Resultado, cuando aún no estaba terminado, esa parte del río destinada al disfrute de setenileños y visitantes, merced a una riada, se convierte en una mole de hormigón, hierros y farolas arrubiadas en todo el trayecto. ¡Cinco años! ensuciando aquella parte tan bonita y espectacular de Setenil.
¿Cómo explicar a estos amigos holandeses todo eso? ¿Cómo explicarles que en los tiempos que corren unos gobernantes pueden cometer semejante atropello contra su mismo pueblo? un pueblo que en un futuro pretende vender su belleza para vivir del turismo. ¿Cómo hacerles comprender ese interés de nuestros políticos por obras colosales de altísimos presupuestos y tan bajas prestaciones?, ¿Cómo explicarles que en esa ribera había una fuentecilla de agua cristalina donde acudían los vecinos a llenar sus cántaros de agua, que el río formaba una playita de arena rubia frente a la cueva, que bajo esas chumberas, Curro Jiménez luchaba a navaja en un decorado de pitas y fuego, que en la misma calle Cabrerizas, justo encima, sonaban guitarras y palmas, donde los cabreros bajaban sus cabras para darles de beber y a que ramonearan en el verde del cauce? … y que Setenil era más bello de lo ellos pueden ver ahora.
 Decía A. Ganivet respecto a la canalización de Darro a su paso por Granada que “el que concibió la idea de embovedarlo lo concibió de noche: en una noche funesta para nuestra ciudad”. La canalización del río en su día fue un hecho traumático para Setenil pero que ha larga ha demostrado ser algo necesario. El aparcamiento, gigante, desmesurado y sin uso, que se extiende muerto e inerte en uno de los lugares más bonitos de Setenil, así como ese caminito del hablamos, no es que fueran concebidos de noche, sino que fueron ideados en el más oscuro de los eclipses que se recuerden. Un colosal disparate digno de estudio.
Conocemos ahora que existe un proyecto para la finalización del parking así como su puesta en valor mediante una concesión administrativa. Buena idea. El daño está hecho, pero Setenil necesita un lugar de aparcamiento, a ser posible gratuito, que pueda aliviar la cogestión de tráfico. Necesita además la creación de otros lugares destinados a tal uso, pero sería necesario que esta vez se tratara de proyectos más sencillos y útiles, como dicta el sentido común, y que a ser posible no supongan un atentado a la vista. Setenil necesita además que de una puñetera vez se limpie la escombrera en la que convirtió ese caminito que nunca llegó a utilizarse y por si fuera poco, después de más de veinte años de acabadas las obras de canalización del río, el cauce requiere de mantenimiento; las mellas de los muros que han perdido su decoración de piedra, lozas de hormigón desplazas, represas de aguas estancadas, tuberías rotas, algo de limpieza etc.etc.
Algún día Setenil deberá volver su mirada al río, deberá comprender que no hay ruta más bonita que pasear por Las Cuevas y pasar a Jabonerías y Cabrerizas, que la depuradora no olerá a perros muertos y que entrará de nuevo al pueblo por Calañas, que podrá bajar por Calcetas y pasará bajo Los Cortinales a Mina y Herrería, que algún día se podrá acceder a Las Cuevas de San Román, y no habrá nadie en el mundo que no querrá venir a Setenil, porque primero la naturaleza y luego los hombres que lo habitaron antaño, han hecho de nuestro pueblo un lugar asombroso y único.
En el encuadre perfecto de un pueblo arriba y abajo de la piedra, con la vista de casitas imposibles devoradas por los tajos, entre pitas y chumberas, bajo el sol de este otoño de fuego, me despido de los amigos holandeses. Los dejo asomados a la albarrá, perplejos y fascinados con este mundo de ensueño, imaginando quizás a ese legendario Curro Jiménez del que les hablé, blandiendo su faca a la luz de las candelas.
¡Salud amigos, seáis lo que seáis!
Foto de J.M. Fernandez que muestra la zona antes de las obras

domingo, 29 de septiembre de 2013

Síndrome de Stendhal en Setenil

Aumento del ritmo cardiaco, vértigo, confusión, temblor quizás alucinaciones…son algunas de las reacciones psicosomáticas que puede sufrir un individuo cuando se expone a la contemplación de obras de arte o la acumulación de belleza. Es el Síndrome de Stendhal, descrito de esta manera por el viajero y escritor romántico del mismo nombre cuando visitaba la Basílica de la Santa Cruz de Florencia.
Representa esta foto más que ninguna la perplejidad que supone pasear por primera vez bajo la insondable majestuosidad de los tajos setenileños, la impresión innata de estar bajo toneladas de roca que desafían la ley de la gravedad, embargado quizás por la inverosímil matemática, por la insondable geometría de la piedra colgada del firmamento, sin que el pensamiento sea capaz de emitir ningún juicio o sentencia.
Como un signo de admiración, la sombra del viajero se alarga al sol del mediodía bajo un cielo nítido. "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
¿Acaso no tratan de representar las formaciones y esculturas de una Catedral las primigenias cuevas que habitaron nuestros ancestros? Como el mismo Stendhal ¿Puede un alma apasionada pasar indiferente bajo la telúrica fuerza de estos templos naturales ?

lunes, 23 de septiembre de 2013

A modo de disculpa

Allá por el mes de julio dejamos a ese gatillo acostado en un poyete de un bello rincón de Setenil. Pasó la feria con sus polémicas y disparates, multitud de visitantes pasearon por nuestras calles, hoteles y casas rurales repletos, sequía atmosférica y cultural, un barrunto de otoño que se convirtió en otro veranillo del membrillo, la vendimia, que en Setenil aún se coge y se pisa la uva para convertirla en precioso mosto que alegrará las alacenas en las tardes de invierno.
Pasó el verano como un solano implacable en todos los aspectos…Y Setenil Rural en la inopia, en el limbo virtual donde duermen los dispositivos binarios de estos nuevos púlpitos sociales que son los blogs. “Rafalillo, pero que vago estás ahora que no escribes nada”… Precisamente este verano, tan industrioso yo que apenas he tenido tiempo para afeitarme y dormir. Bueno, quizás algo de razón tendrán, pero aquí estamos de nuevo, siento mucho no haberos avisado, amigos míos, de que estaría unos días, casi dos meses, fuera de cobertura, sin conexión, alejado de estas páginas que tanto bueno me han dado.
Quizás, después de casi cinco años de Setenil Rural ande yo algo desmotivado, después de haber tratado tantos temas y asuntos puede que de una vez por todas nos hayamos quedado sin materia. No, no es que ya no me motiven los bucólicos amaneceres de otoño, los olores de un tiempo que empieza a cambiar. Quizás sean otros los motivos.
Me hubiera gustado, si el tiempo me lo hubiera permitido, hacerme eco de los comentarios de esos turistas que este verano nos han visitado. No sólo de la maravilla que supone el descubrimiento de esta obra colosal de la naturaleza que es Setenil, sino de sus quejas y lamentaciones. De la suciedad de las calles, de la porquería que afea el cauce del río, de esos contenedores de basura de hieden a kilómetros de distancia. Que bien les hubiera venido una limpieza en pleno verano, no hablo ya de que los hubieran jubilado de una puñetera vez, que dan grima de verlos con sus churretes y remiendos, sino un limpiadillo de vez en cuando. Son esos contenedores, los de la Calle Ronda, vía principal de Setenil, los de la parada de autobuses, el primer lugar que ven los visitantes cuando llegan a nuestro pueblo, el de la gasolinera, el de Las Cuevas, en fin, un auténtico monumento a la desidia y la dejadez.
Me hubiera gustado hablar de esa carretera cortada a la altura de Los Villalones, que ha hecho que muchos conductores se hayan tenido que volver hacia Algodonales cuando estaban a las puertas de Setenil, de esa vía estrecha de la calle Vilches apenas señalizada en un punto de saturación visual y que es el auténtico emblema de La Marca Setenil tuneado en los laterales de sus coches y retrovisores, de personajes y personajillos.
Me gustaría, ahora que venimos entendiendo que el turismo será en el futuro la mayor industria de Setenil, hablar de las carencias de Setenil, de los años de retraso que llevamos respecto a otros pueblos de la comarca pese al potencial que tenemos. De que mientras en Setenil se han derrochado enormes cantidades de dinero público en un aparcamiento que después de más de veinte años aún permanece cerrado, amén por supuesto de otras obras faraónicas sin uso, localidades como Grazalema, Ubrique, El Bosque etc., tienen museos,  recitos preparados para el estacionamiento de cientos de coches (un descampado, alquitrán y poco más). Interés e ideas.
Hechos objetivos amigos míos, la gente viene a Setenil por inercia, porque hay que venir, porque es pueblo precioso y muy recomendable, porque se come y se tapea de lujo, no desde luego porque se lo pongamos fácil.
No es como digo que ya no mi inspiren los paisajes de Setenil y sus campos, su naturaleza y tradiciones, los hechos y sucesos de nuestro pasado, las curiosidades, las vidas pasadas y presentes, es que es el futuro lo que me intriga y me produce desasosiego, un pueblo sin músculo social, de estructuras administrativas de corte caciquil, anquilosadas e inertes, un pueblo donde invertir y arriesgar en un proyecto empresarial se convierte en una actividad de riesgo, un pueblo donde los jóvenes han de volver a coger las maletas para buscarse el porvenir.
Pero no todo es malo ni negativo; record de visitantes en verano. Setenil, gracias a la publicidad imnegable de la televisión, entra poco a poco en los circuítos turísticos. A la desidia institucional se responde con la apertura de nuevos negocios y establecimientos, germen de lo deberá ser en el futuro, un pueblo trabajador y próspero. Pero sin duda lo mejor de todo ha sido la vuelta de un amigo a casa después de su particular bajada a los infiernos. Un auténtico regalo que nos ha alegrado el final del verano.

¡Salud amigos!

lunes, 29 de julio de 2013

Sueño felino



Sestea este gatillo a la sombra de un manzano. No hay alerta ni vigilancia, sólo la placidez de un sueño tan profundo que el animalito no se percató de que yo estaba a escasos dos metros de distancia.
¿Qué puede soñar un felino? ¿Noches de luna por tajos y tejados, romances y amores, el acecho del pequeño cazador? ¿Puede alguna imagen representar mejor el sopor de las tardes de verano?

martes, 16 de julio de 2013

Historia de una puerta

 No es esta puerta de bronce ni hierro fundido, no tiene llamador, ni sus goznes son de oro. No tiene un enrejado de forja, ni pedrería, ni adornos.  Muy posiblemente ningún personaje de renombre  la haya atravesado jamás. Es una puerta pequeña, con el cuerpo de recia encina y el quicio de una madera de menos alcurnia. Algunos clavos rechapados la atraviesan y un precioso cerrojo de hierro de forja termina por darle un aspecto sobrio y austero. Ningún maestro firma la obra, lo más seguro es que el autor sea un antiguo carpintero setenileño cuyo nombre y recuerdo se haya perdido en el tiempo.
Andaba esta puerta perdida por algún rincón de nuestra iglesia mayor. Feo tablón de madera, morada de la podredumbre y la carcoma, fuera de lugar, desubicado en el tiempo y el espacio, sin cabida posible en ese nuevo templo minimalista que se alza blanco y radiante en la Villa. Como es habitual, su destino no era otro que una cuba de escombros,  acomodo de todo lo inservible e incatalogable.
Quiso la divina providencia que nuestro amigo Rafael D.C pasara ese día por allí. Los muchachos de la obra le enseñaron una serie de objetos en una escombrera:
“… Cuando fuímos a la calle había un pequeño rincón que hacía de escombrera, efectivamente allí estaba ese bonito cerrojo y cerradura  empotrados a una impresionante puerta de muy noble madera. Yo en principio pensé en quitar el cerrojo y cerradura a machota y cincel. Pero me lo pensé y por la tarde le pedí a mi padre la furgoneta y me dispuse a ir a por ella, puerta que como tú sabes desde aquel día conservo en mi cochera como reliquia”

El mismo Rafael Domínguez Cedeño nos hace una breve descripción técnica del hallazgo:
“La puerta seguramente es del siglo XVII por sus formas y sobre todo por el cerrojo y cerradura tan característico de la época, con su indiscutible forja y burilado que hacen de un arte único la pieza.
Su madera es de una calidad impresionante, conservando una excelente patina oscura adquirida a lo largo de los años.  Posiblemente el árbol elegido para dicha puerta fue la encina, madera resistente al paso de los años, aunque su bastidor parece que fue hecho con madera menos noble.
En su elaboración podemos observar más de 40 clavos hechos a forja de unos 17 a 20 cm cada uno. El grosor de la puerta es de 12 cm, con una altura de 1,50 cm por 77 de ancha con el bastidor incluido, midiendo la hoja 68cm. Estas medidas son de una importancia única ya que nos dice donde estuvo colocada en la antigüedad. Se encontraba en un habitáculo que existe en la subida al coro. 
A mi parecer pudo estar en la subida al campanario o sacristía antigua. Sería fácil averiguarlo con solo medir los pocos huecos existentes se daría fácilmente, ya que por ejemplo la entrada al campanario, ni se podía hacer más grande ni más ancha, por sus cantos y muros tan desorbitados”.
Pero quizás, el detalle que más llama la atención de esta antigua puerta, no sea otro que los signos, marcas e inscripciones, sobre todo el detalle de una muela incrustada en la madera cuyo significado no deja de ser más enigmático y perturbador; Extraños sortilegios mágicos, sincretismo religioso, rescoldos de antiguos rituales paganos que en esos siglos de intolerancia religiosa aún perduraban en aquellas gentes. Quizás macabro juego de algún bromista, ¿quién sabe? El caso es que descubrir una pieza dental humana incrustrada en la madera de una puerta de un templo cristiano no deja de sorprendernos y dejarnos perplejos.   
Detalle de la pieza dental incrustada en la madera

Inscrpciones de la puerta de san Pedro Fiz.
Quiso la casualidad que en una visita que realicé no hace mucho al Museo do Pobo Galego, en Santiago, viese una puerta de similares características que perteneció a la capilla de una antigua iglesia. Presentaba el objeto inscripciones y detalles de parecida factura a esta de Setenil, incluso con pequeñas incisiones.
Recordé entonces aquella puerta que me enseñara Rafael hacía casi un año y imaginé que como tantos objetos y documentos, el destino de la misma no debe de ser otro que un museo de artes y costumbres setenileño, un museo donde de manera feaciente queden constatadas no ya sólo los restos de otros pueblos y culturas que pasaron por estas tierras, sino las formas de vida de nuestro propios padres y abuelos, de sus formas de trabajar, celebrar y vivir en definitiva.  

Llama poderosamente la atención que un objeto tan bello y valioso pueda pasar desapercibido a los ojos de los técnicos y todos aquellos que participan en las obras de restauración de nuestra Iglesia de La Encarnación, para acabar de esta manera en una vulgar cuba de escombros.
Estimo que este hecho se debe más a un error de verificación que una actitud verdaderamente intencionada, aunque desde luego es evidente una total  falta de sensibilidad de los responsables. Resulta triste pensar, que como tantas veces ha ocurrido en Setenil, si un particular no rescata la pieza la hubiéramos perdido para siempre y una vez más hubiéramos tenido que hablar de hechos consumados.
Afortunadamente en Setenil hay personas como Rafael D.C. cuya afición y amor por Setenil lo convierten en un auténtico guardian de nuestro patrimonio y cuya colección, como él mismo desea, será disfrutada algún día por todos nosotros.
Esperemos que sea él mismo y no otra persona la encargada de desarrollar esta idea en un futuro. No puede haber nadie más idóneo para tal cometido.

¡Salud amigos! y felicidades a todas Las Cármenes.

lunes, 8 de julio de 2013

Los Águilas

 

 Recuerdo perfectamente el momento en la que certificamos nuestra amistad. Fué, como tantas veces, una noche de risas y alcohol. Sobre cinco posavasos como este estampamos nuestras firmas y nos juramos amistad eterna, sin fisuras, a tumba abierta, como sólo pueden hacerlo unos chavales de diecipocos años.
Recuerdo que desde aquel día me sentí más fuerte, más valiente, que por muy dura o difícil que se pusieran las cosas allí estarían Los Águilas para ayudarme. Luego llegó la realidad para sacarnos de aquella adolescencia interminable y la vida nos puso a cada uno en nuestro sitio, pero el camino ya estaba andado; Noches de verano viendo el discurrir de las estrellas por el firmamento, bravuconerías y fanfarronadas, risas y llantos, carreras por las calles y caminos de Setenil, anocheceres y amaneceres... en definitiva, los años más maravillosos de nuestra vida.
Cuando después de tanto tiempo volví a ver este posavasos me acordé de ti amigo mío, me acordé de todos nosotros y sentí no poder abrazarte en ese mismo intante.

(Tienes el balón en tus manos. El aro está lejos, parece muy pequeño, el defensor no te deja ni respirar, pero tú saltas, estiras los brazos, giras la muñeca y ¡zas! ¡tripleeeee! Ganamos el partido)

¡Un fuerte abrazo amigo mío!
 

Visión panorámica desde Las Cuevas

Alguien tuvo el detalle de pasarnos esta panorámica de Setenil tomada desde Las Cuevas del Sol. La luna cabalga por el firmamento sobre un decorado de piedras y estrellas. A esas horas, seguramente, golondrinas, aviones y vencejos acabaron su ensordecedora orgía de chillidos y gorgoritos por los cielos y comienza la hora de los seres de la noche, las ondas ultra sensoriales de los murciélagos y el croar eterno de los ranos enamorados.
Una imagen que nos trae recuerdos y sabores. Son los sonidos de los albores del verano en Setenil; el azul eléctrico de la imagen de un pueblo que se sume en la belleza de eternos atardeceres y tibias noches de estío, recuerdos de adolescencia, amistades inquebrantables y primeros amores.

lunes, 1 de julio de 2013

Cuevas de la Sombra, de Antonio Sánchez


Con la fotografía me pasa lo mismo que con la magia, independientemente de que me guste mucho una instantánea o una ilusión, nunca me ha interesado conocer la técnica de ejecución o el truco en cuestión. Me he conformado siempre con disfrutar de un resultado perfecto, de un trabajo que finalmente termina por dejarme extasiado.
Con esta imagen del fotógrafo setenileño Antonio Sánchez ocurre algo parecido. Podemos hablar del uso de la luz, del juego de claroscuros, de un perfecto encuadre, de una técnica depurada con el tiempo y el trabajo cotidiano, pero quizás lo único que necesitamos es disfrutar de una obra redonda; La belleza de esa calle pasadizo cuya estructura la hace única, esas casas de piedra encaladas hasta el suelo, las farolas, la franja de luz que entra desde la calle Ronda y marca las sombras de la niñas… Nada parece cursi ni tópico, nada es superfluo ni circunstancial y como en el símil que hacíamos al principio, algo tiene de juego de magia y alquimia de luz y sombras.
Hace años, mi tío Manuel Marín, Manolo el del Puente, me comentó que Antonio Sánchez fue un fotógrafo de primer nivel que de haber contado con las herramientas y posibles de otros de su gremio, hubiera sido un profesional reconocido y prestigiado en vida. Su trabajo se desarrolló principalmente en el ámbito local de Setenil, compaginando una labor de fotógrafo de estudio con la necesaria y quizás más lucrativa faena ambulante de atracción ferial.
Viendo su obra, gracias sobre todo a la labor de recopilación y archivo que están haciendo Rafael Domínguez y Pedro Andrades, podemos conocer parte del trabajo de Antonio “El Retratista”, una obra dispersa y en muchos casos inédita que, sin marcas de agua ni apropiaciones indebidas, se hace ahora pública para todos.
Queda en el aire la imperiosa necesidad que, desde nuestro punto de vista, hay de una exposición fotográfica permanente de Setenil y de sus gentes que sirva para dar una visión de nuestro pueblo en el tiempo, una memoria colectiva de su existencia. Imaginamos muchas de las imágenes que podían aparecer en esta supuesta exposición y los nombres de los artistas que ejecutaron los trabajos, relación de nombres desde luego donde no podría faltar el membrete de Antonio Sánchez, fotógrafo de Setenil.
Para saber más:
Un fotógrafo de Setenil. Setenil Rural
Viaje en el tiempo por Setenil. Imagina Setenil
    

domingo, 30 de junio de 2013

Historias de verano: Hércules en la Caleta

Cádiz, Tacita de Plata. Cádiz, ciudad trimilenaria.
Barca de roca ostionera, azotada por los vientos, que se adentra en la Mar Océana, entrada o salida del mundo conocido más allá de las columnas de Hércules. Cádiz clásica y antigua, griega y fenicia, paso obligado de la antigüedad, altar de atávicos dioses, espuma del mar. Ciudad venerada y altiva, siempre entre el mito y la realidad.
Cádiz mes de mayo. Cuatro de la tarde y todos los comercios cerrados. El verano aún no ha llegado pero el calor se hace insoportable. Busco la playa y como siempre todas las calles me parecen iguales:
-camarero buenas tardes; ¿sería tan amable de indicarme el camino más rápido para llegar a la playa?
- ¡claro hombre! Coja usted recto, y a la que hacen seis calles te metes a la derecha, luego sales a la avenida y llegas a una playa muy chiquita pero muy bonita; ¡La Caleta!
Sentencia satisfecho el buen hombre.
Castillo de San Sebastián, Castillo de Santa Catalina, Balneario de la Palma. El cielo está claro en el horizonte y una suave brisa mece las barquitas amarradas a la orilla. El barrio de la Viña en pleno ha salido a mitigar las primeras calores del cercano estío. Desde el agua, donde refresco mi acalorado cuerpo, me sorprendo de la gran variedad humana que contemplo y me doy cuenta de que esta playa no tiene nada que ver con los masificados tostaderos de turistas de la Costa del Sol, homogéneos, independientes e inconexos entre sí. Esta gente con la que comparto aguas y arenas forman un auténtico entramado social, un hábitat ecológico donde cada especie ocupa su lugar; las madres y abuelas con sus niños y nietos, que son legión, jubilados con el diario en la mano, viejos lobos de mar con camisa y gorra de capitán, estudiantes, pandillas de adolescentes, macarrillas, pasotas, parados, algún turista despistado, un africano, camareros, funcionarios recién salidos de sus oficinas. Un auténtico muestreo social vivo y verdadero.
De repente, en la orilla, aparece una figura que llama mi atención; ha dejado sus cosas muy cerca de las mías. Es un tío alto y delgado aunque con una prominente barriga cervecera, el pelo rubio y ralo, una nariz importante. Las manos en cuadril observando su playa, su mar, su Caleta. Sonríe satisfecho y al hacerlo saca a relucir un único diente. Allí en la playa parece el mismísimo Hércules, que después de matar a Gerión se dispusiera a nadar hasta su templo. ¡Que estampa!, entre los santuarios de Kronos y la Venus Marítima el gran héroe griego, seguro y confiado de su poder, contempla sus dominios; Melqart, Baal, Astarté, que más da, el viento lo reconoce y zarandea sus cabellos, en el momento en el que se lanza al mar nadando con muy buen estilo hasta donde yo me encuentro. Luego como si recordase que se dejó algo atrás, vuelve la vista hacia la orilla, donde con el agua hasta las rodillas y encogida de frío le espera la Charo, eterna deidad marina, muy canija eso si, y con tantos dientes como su héroe, al que he creído oír que llamaba Fali. Entonces una ola le moja el biquini negro y sus pezoncillos se erizan hacia el horizonte, allá por donde una vez al año aparece la majestuosa figura del Juan Sebastián El Cano.
- ¡Fali! que está muy fría.
- venga niña, que sólo es la primera impresión
- ¡que no me baño!
- ¿Y tu dices que tas bañao en La Concha? ¡Un mojón!
Le grita el Fali desde mi altura
Un jubilado inflado y coloradote que flota cerca de nosotros interviene en la conversación:
- niña metete en el agua que este hombre va a despertar hasta a los pescados con sus voces.
Y la Charo, viendo la expectación que está levantando en la playa, se coge la nariz, se da un chapuzón y con los ojos cerrados se da la vuelta y corre hacia la orilla. El Fali se ríe y nada detrás de ella.
- ¡ole mi niña! que valiente que es
Todo el gentío de la playa, que en el tedio de la tarde contemplaba indiferente la escena, vuelve a sus quehaceres, salvo un joven, que desde lo alto de un poyete de piedra, con pantalones largos, sin camisa y en cuclillas los sigue con la mirada. Parece una gaviota oteando el horizonte en busca de cualquier desecho o signo de debilidad.
La Charo y el Fali se tienden en sus toallas, y ella saca de su desastrado bolso una botella de plástico con tinto de verano, suave y fresco ungüento mágico para su héroe mitológico.
- toma el bibi cariño mío
-¡ay mi niña! que apañá que es
La presa parece demasiado apetecible y la gaviota se lanza al ataque.
- hola Fali, ¿te acuerdas de mi?
- hombre Julio, ¿Qué pasa? cuanto tiempo. Un año por lo menos llevo sin verte. ¿cómo andas?
- bién tío, por aquí en la playita viendo a las gachis
- ¿estás haciendo algo Julio?
- ahora mismo no
- pues bájate que te voy a dar trabajo. Toma papel, tabaco y chocolate y te haces un piti, que no quiero manos quietas.
Julio pega un salto desde el murete de piedra, para caer en la misma posición en la que estaba y ponerse manos a la obra. El Fali le pega un trago al tinto y se la ofrece al coleguilla. La Charo, ajena a la conversación, calienta su cuerpo al sol, allá hacia donde sus diminutos pezones apuntan erguidos como solemnes y ancestrales altares.
El Barrio de la Viña disfruta de su playa, Las nubes pasan perezosas y un suave viento sigue meciendo al unísono las barcas, como acunándolas. Castillo de San Sebastián, Castillo de Santa Catalina, templos de Kronos y Venus Marítima, el de Hércules al occidente, Melqart, Baal, Astarté, que más da. Un azul radiante, casi doloroso, invade todo el encuadre y un intenso olor a mar inunda mis pulmones.
Playa de La Caleta, Cádiz, Tacita de Plata. Cádiz, ciudad trimilenaria. Barca de roca ostionera azotada por los vientos que se adentra en La Mar Océana, entrada o salida del mundo conocido más allá de las columnas de Hércules. Cádiz clásica y antigua, griega y fenicia, paso obligado de la antigüedad, altar de atávicos dioses, espuma del mar, claridad sonora. Ciudad venerada y altiva donde el mito y la realidad se confunden.

(Hércules en la Caleta, de Rafael Vargas Villalón. Chiclana de Frontera. Cádiz. Mayo 2007)
Una visita reciente a la costa gaditana me recordó esta anécdota que presencié en La Caleta hace unos años
¡Salud amigos!

(Hércules en la Caleta. Rafael Vargas Villalón. Chiclana. Mayo 2007)

Foto realizada por Lina Marín Villalón en la Playa de Sancti Petri (Verano 2010)


De una punta a otra


 
 


“Dicen que San Ulises inventó el remo y el deseo de volver al hogar. Ya había remos en tiempos de San Ulises, pero es seguro que él inventó un remo. Muchas veces yo tengo nostalgia de mi país. Me viene el mal al atardecer, en otoño porque se van las golondrinas, en enero porque florecen los almendros, en mayo porque canta la calandria, en julio porque el viento trae a la terraza de mi casa pétalos de amapolas. Y entonces siento el remo de San Ulises a mi costado. Si en ese instante alargase la mano, encontraría el remo sujeto con un estrobo de ilusiones al corazón.”

Alvaro Cunqueiro. Las Mocedades de Ulises

Bueno, así somos.
Bonitas tierras llenas de embrujo y leyenda, evocadoras a más no poder, aunque quizás mi norte esté en el sur.
¡Salud amigos!



sábado, 29 de junio de 2013

La ciudad asomada al mar

 ...o el mar asomado a la ciudad. Una antigua urbe industrial y portuaria, torres gruas, naves,barrios obreros de torretas grises, luego la zona vieja y el Casco Vello, un pequeño pueblo en medio de una ciudad  bulliciosa. La Ría, Los lunes al sol, La Piedra...

 


lunes, 24 de junio de 2013

El Fin del río...el inicio del camino

 
"Hubo un tiempo antiguo en el que río y hombre habitábamos la misma casa. Era grande, aireada y acogedora. Nosostros crecimos, reconociéndolo como dios, rio, padre, a veces cariñoso y otras colérico, y a acambio él nos enseñaba y daba cobijo.
Un día, alguien nos sugirió al oído que éramos el centro del universo, la medida de todas las cosas. Y la casa se nos hizo pequeña y nos alejamos dando un portazo.
Usar y tirar pasó a ser la consigna, mientras adorábamos a un nuevo dios; el progreso a cualquier precio.
Con los años la tierra se nos volvió incomprensible e inhóspita. Y comenzamos a soñar con lo perdido.
¿Continuará la llave en la maleta? ¿Estará la casa en la misma esquina? A hurtadillas mirábamos por las ventanas, y parecía habitada. ¿Se acordarán de nosostros?..."
Las aceñas. Zamora

 
Viejas ciudades castellanas, de recias piedras, de altos pináculos coronados de cruces donde anidan las cigueñas. Cuna de monjes, guerreros y héroes. Viejas tierras castellanas, donde aún vaga errante la sombra de caín... y sin embargo tan habitables, civilizadas y próximas a la medida humana.
Encrucijada de pueblos, culturas y lenguas; Ciencia, arte, naturaleza y poesía. El viejo Douro a su paso por Zamora.

¡Salud amigos!




Las Escuevas

Los conozco desde siempre, desde que yo era un niño y ellos unos muchachos, cuando aún se respetaba a los viejos y el que los mayores te echaran del campito de fútbol no suponía un drama ni nada parecido, simplemente eran los mayores y sanseacabó el asunto.
Los recuerdo viviendo en aquellas Cuevas de la Sombra que desde la casa de Morenito, cuando aún no existía el puente de Los Gallos, a la tienda de Pedrín, era el lugar de juegos de cientos de zagales que entre clases de colegio, ayudas a los padres y correrías por el río, llenaban de alegría y jolgorio aquellas calles de ensueño. Eran Las Cuevas de La Sombra...y Las Cuevas del Sol, lugar de juegos sin igual de un Setenil inédito de risas y travesuras infantiles.
No hace mucho los vi juntos a los dos, a Cristóbal y a Miguel, quizás de los más venteranos de aquellas turbas de niños, dos de los capitanes de aquellos tercios de zagales que correteaban ufanos y gallardos por Las Escuevas.
- ¡Qué os gustan Las Escuevas! Les interpelè mientras tomaban un café.
- Los calices siempre vuelven a los tajos donde nacieron, me responde Miguel.
Hoy, ni Cristóbal ni Miguel viven en sus Cuevas de la Sombra, pero yo desde luego asocio su imagen a la de aquella calle de mi niñez donde venía a acabar el pueblo, a la de aquellos pisos de piedra y tierra donde se terminaba el asfalto, a la de la pasarela de madera y la escarelilla de piedra que desde el río subía hasta el bar de Calvente.
Ver juntos aquella mañana a esos viejos escueveños me devolvió por unos instantes a mi infancia.

Como una caja de zapatos

Perdonen ustedes, pero hay veces que todo se te hace como más pequeño... encajonado es la palabra que yo usaría. Nuestra vida se ve encorsetada entonces por una estrechez de miras que nos da una visión limitada de la existencia.
Puede que no nos demos cuenta de que a nuestro mundo es mas grande de lo que se ve desde nuestra ventana, o nuestro balcón o nuestra terraza, que hay más gente en el mundo que nuestra familia o nuestros compañeros de trabajo. Otras gentes, otras maneras de hablar, de pensar, de ver la vida en definitiva.
Quizás sea hora de salir, de romper esa caja de zapatos con la que nos hemos enterrado...es hora de tomar el aire fresco.
¡Salud amigos!

lunes, 3 de junio de 2013

Historias de verano: La marca Setenil

No, hoy no pienso extenderme en la nebulosa de un amanecer setenileño, ni en la belleza dramática de unos cielos cárdenos que se pintan allá por Acinipo. Tampoco vamos a hablar de tajos y pitas, ni de aquellos monstruos y fantasmas que ya sólo moran en nuestra imaginación. Hoy vamos a viajar hasta Sevilla, la dorada ciudad que emerge radiante y eterna a orillas del Guadalquivir y que a estas alturas del calendario, pasada ya la exaltación de una esplendorosa primavera de palios y farolillos y finiquitados los faustos del Corpus, parece entrar en un letargo, un sopor estival del que sólo saldrá para cuando La Virgen de los Reyes.
Nos dirigimos ahora a un barrio cualquiera, el Parque Alcosa, uno que conozco bien. Amplias avenidas delimitadas por altísimos bloques de colores; los blancos, los amarillos, los verdes, los azules, locales comerciales, bares y cafeterías. Se ve que es un barrio alegre y bullicioso pero a estas horas de la tarde (son las cuatro) y con el calor, está vacío y solitario.
Ahora se oye el inconfundible sonido de una persiana metálica, como una carraca. Imaginamos que algún comercial sale de su negocio. Efectivamente, un hombre de mediana edad, bien vestido se afana, en cuclillas, en echar las llaves del cierre.
Le abordamos
- Buenas tardes
- Buenas tardes amigo. ¿qué se le ofrece? Contesta con gesto adusto.
- Aquí que venimos haciendo un cuestionario a los comerciantes sevillanos…y lo hemos visto a usted y…
- Deberíais haber venido esta mañana, que estaban todos los locales abiertos. Ahora casi todos tenemos el horario de verano y cerramos a las tres, lo que pasa es que yo me he entretenido haciendo unas cosillas…ya sabe, con la calor.
- Claro, claro y… ¿Cómo va el negocio?
- ¿El negocio dice? Pues mal. La crisis, que no hay trabajo. Yo me defiendo, pero hay muchos que han tenido que cerrar.
- Lógico. El comerciante se incorpora y se atusa como puede las arrugas del pantalón. Impecable el hombre, el clásico comercial sevillano. Pues eso amigo, continúo, que venía indagando sobre las preferencias vacacionales de los sevillanos, y si a usted no le importa le podíamos hacer unas preguntitas.
- Usted dirá
- Verá…usted ¿es el gerente de esta ferretería?
- Si eso, el gerente.
- ¿está casado?
- claro, y con dos niños
- Esa era la otra pregunta. ¿su mujer trabaja?
- Sí, en una tienda de moda flamenca que hay en la calle Francos, que entró allí cuando éramos novios y ya van para treinta años.
- Estupendo, y ¿dónde pasan ustedes sus vacaciones? Entonces el hombre se hace el interesante y sonríe.
- Bueno verá, en casa somos mucho de Matalascañas, que todos los veranitos, a mediados de julio nos cogíamos unos quince días y alquilábamos un apartamento al lado de la playa, pero ahora nos hemos comprado una casita en el Ronquillo, para invertir los ahorrillos. Allí se está de lujo, que todos los de la urbanización somos de Sevilla y parece que estamos en el barrio. Por la mañana la cervecita y el pescaíto y por la noche a tomarse un helado en el paseo…en fin. También nos gusta el Rocío, y todos los años nos gusta hacer el camino con la Hermandad de Coria, que es donde está mi cuñado, pero este año con la crisis… ya sabe, sólo hemos ido cuatro días, ver la Virgen de salir y poco más.
- Y ¿hace usted alguna salida esporádica fuera de Sevilla?
- ¡hombre claro! Los fines de semana, los puentes, y en Semana santa y feria aquí, por supuesto, pero luego nos gusta salir a los pueblecillos.
- ¡ah! Muy bien. Y ¿Cuál fue su última salida?
- Pues cogimos el coche y nos fuimos a la Sierra de Cádiz. ¿ha estado usted por allí?
- Alguna vez, y el hombre prosigue:
- Grazalema, Olvera… y no me acuerdo de más, bueno sí, un pueblo muy chiquito que se llama Setenil. Setenil de la Vega, de la Ladera, de la sierra o algo así. ¿lo conoce?
- ¿Setenil? Bueno algo
- Pues sale mucho en la tele, en el Canal Sur y todo eso. A mí desde luego ya no se me olvida el pueblo ese. Y hace el hombre un gesto raro con la boca. Entonces me agarra el brazo y me lleva a la sombra de una acacia que verdea a escasos metros.
- Verá, prosigue, el pueblo es bonito, y muy raro con esas cuevas y esas casas metidas debajo de las piedras, la iglesia, el castillo…ya sabe cómo son esos pueblecitos de la sierra, pero este en concreto es digno de ver… aunque… entonces el comerciante levanta los brazos y hecha el tronco hacia atrás. ¡qué cosa más difícil de pueblo! Primero te ves negro para llegar, que están todas las carreteras cortadas, y eso que tengo un buen coche, ¿sabe usted? Y me señala un todoterreno aparcado en una explanada de albero.
Yo porque mi mujer lo vio en la tele y se emperró en que quería ir a Setenil, que si no yo me hubiera dado la vuelta y cogido para Ronda o Ubrique, pero nada, ya sabe usted como son las mujeres.
Yo asiento con la cabeza.
- Entonces me meto en esas carreteras que están que dan pena, que si por aquí cortada, que un desvío por allá, y la que no está caída poco le falta, y nosotros sin saber a donde íbamos, que no había señales en ningún lado…
- ¿y llegaron a Setenil?
- ¡Claro! Mira, digno de ver. Un pueblo metido en un boquete hecho por el río. Todo blanco, con sus casitas, las cuevas, un poco sucio, pero muy curioso. Entonces me meto por una calle y ¡Ay amigo! Y hace el mismo gesto que antes. Lo que le digo; ¡qué pueblo más difícil! ¡qué cuestas! ¡sin saber donde aparcar! ¡qué calles más estrechas! ¿Ha visto usted mi coche?  Entonces me lleva a donde tiene aparcado el todoterreno.
- Estrenándolo que estaba no hacía mucho. El primer viajecito que hacíamos y mira… ¡qué calle! Que por allí no pasaba el coche. ¿quién me mandaría a mí meterme por aquella calle? Ni patrás ni palante, que no pasaba. Ni recogiendo los espejos, y todo el mundo mirándonos y uno que para la derecha y otro que para la izquierda y uno que le pone una rebeca para que no lo rayara, y mi mujer como un civil en el asiento del copiloto…y ese olor a embrague quemado. En fin, ¡qué le voy a contar! Fíjese usted que marca. El hombre me enseña un rayón de dos metros en el lateral derecho. ¡y estrenado el coche! Mira, mira que marca. La marca de Setenil que le digo yo. Menos mal que lo tengo a todo riesgo y la semana que viene lo llevo al taller de mi primo que es chapista.
El pueblo como le digo muy bonito, pero a mí desde luego no se olvida, más que nada por lo del coche. Luego ya nada me parecía bien, ni las tapitas que nos tomamos en un bar, una masita o algo así, que yo sólo hacía acordarme del rayonazo que le hice al coche…así que figúrese.
Y el comercial deja por fin de hablar y se queda pensativo y meditabundo mirando ese enorme desconchón. ¡Setenil! Y que no tenía ganas mi mujer de ir ni ná.
Así aprovecho ese momento de abstracción y me despido del hombre que debe tener la boca seca y ya tendrá ganas de volver a casa y relajarse después de su jornada de trabajo, y lo veo meterse en su todoterreno negro, flamante y casi nuevo, aunque con una enorme marca en el lateral derecho.
¡La marca Setenil! repito divertido. Y me quedo sólo por las calles de este barrio sevillano que con el paso de los años ya tiene solera y estilo propio, El Parque Alcosa, barrio de barrios, de amplias avenidas y altísimos bloques de colores. Encina del Rey, Las Tendillas, Bib-Rambla, Las Monjas. Busco entonces la sombra, que estamos en Sevilla y aunque aún no es verano el calor ya viene apretando.
La clase de brasa que me ha dado el hombre para contarme lo del coche, pienso para mis adentros.