martes, 19 de noviembre de 2013

Setenileños fusilados y enterrados en Cádiz

Nos envía el historiador Santiago Moreno Tello, autor de "La destrucción de la democracia: vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz" (Editado por la Consejería de Gobernación y Justicia de la Junta de Andalucía), este correo para dar a conocer el nombre de cinco setenielños fusilados en Cádiz, y enterrados en el antiguo cementerio de San José, por si algún familiar quiere reclamar sus restos, según aparece en el artículo  de J. L. Gutiérrez Molina: Pasadas por las armas. Localización de las 43 personas fusiladas en 1937 por los golpistas en Cádiz a consecuencia de los procedimientos sumarísimos de urgencia".
Esta es la nota de Santiago:

Estimado Rafael,
hace un par de semanas José Luis Gutiérrez Molina publicaba en Todoslosnombres.org el siguiente artículo:

Da a conocer el nombre de 43 fusilados en Cádiz y su lugar de enterramiento en el Cementerio de San José de la ciudad.
Como podrás ver hay al menos cinco paisanos tuyos. Además fueron enterrados en fosa común, es decir siguen allí.
El cementerio de San José fue clausurado en 1992. Pero sigue en pie. Se han trasladado los restos de los enterrados en nichos, pero no ha ocurrido lo mismo con los enterrados en el suelo.
El ayuntamiento ha abierto en varias ocasiones plazos para que familiares reclamen los restos, pero la desinformación, el desinterés, etc, ha hecho que apenas media docena de familiares lo hagan.
Te escribo para proponerte que en tu blog hagas una llamada de atención a la gente de tu pueblo por si las familias de estas cinco personas quieren reclamar la exhumación de estos asesinados. En el caso que se diera con el cuerpo los gastos corren a cuenta del Cementerio. No hay coste para quien reclame.

Los setenileños que aparecen en esta lista son los siguientes:
Francisco Domíngues Valle
Diego Gil Ruiz
Rafael Marín Guzmán
José Muñoz Suárez
Salvador Porras Arjona
En el archivo aparecen la fecha del juicio y el día que fueron fusilados, así como su oficio y afiliación. Todos estos hombres aparecen como naturales de Setenil,  trabajadores del campo y afiliados a la UGT.
Si alguien quiere más datos, que no dude en ponerse en contacto con nosotros.

¡Salud!

 

Nuevas fotos del Tejarejo


Quieren compartir Manolo, Alegría y la pequeña Teresa con todos nosotros estas antiguas fotos del Cortijo del Tejarejo, que nos pueden servir para completar el reportaje que hemos ido publicando durante los últimos años, y que junto con la amplia entrada que Rafael D.C. realizó desde su Setenil, Historia y Numismática, nos ayudan a conocer una de las explotaciones agrarias más importantes de Setenil y su comarca.
En la primera imagen podemos apreciar lo que entonces era un balcón porticado y hoy un salón con vistas al Noroeste de Setenil. Desde esa esquina podemos apreciar a primera vista el olivar y el monte setenileño al fondo.
En las siguientes Imágenes, dirigida la cámara más hacia la izquierda del fotógrafo, podemos ver una panorámica del extenso pinar que resaltaba majestuoso y gigante entre los olivos. Al fondo podemos imaginar que está el mismo casco urbano de Setenil, una manchita blanca escondida entre los tajos.
Me cuenta Manolo, que la madera de aquel pino telúrico y desproporcionado vencido por el viento que aparecía en el anterior reportaje, fue donada por los propietarias para la construcción de la puerta de la Iglesia de Nuestra Sra. de la Encarnación, imaginamos que la actual que hoy luce en la fachada principal.
En las imágenes posteriores podemos ver una imagen del patio interior, un niño posando con los pinos de fondo y una panorámica del cortijo vista desde el huerto y la alberca.
Reitero las gracias a la familia Guerra por compartir estas imágenes con nosotros.
¡Salud!

Para saber más:
El Tejarejo,una visión retrospectiva (I). Setenil Rural
El Tejarejo,una visión retrospectiva (II). Setenil Rural
 
 







Un pequeño universo en el huerto

No me pilla Juan en mi mejor momento, ando algo constipado y tengo cosas que hacer. Me da algo de charla pero ve que es inútil, que no le doy mucho juego, así que se afana en su cafè y se pone a ver la tele.
Al rato lo intenta de nuevo.
Te voy a contar una cosa curiosa Rafael.
El lazo está echado, Juan sabe que no me puedo resistir a sus historias, por muy extravagantes que sean. Casualmente, una de las últimas veces que hablé con él ponían una serie sobre el universo y las estrellas y Juan me dejó algún comentario sin desperdicio, ideas que ni se me habrían pasado por la cabeza. Hoy dan algo parecido en la segunda cadena.
Pese a que estamos sólos, mira el hombre para los dos lados, como para asegurarse de que nadie nos escucha, y señala una nebulosa brillante que aparece en pantalla.
Te voy a contar una cosa que me pasó cuando chico Rafael, una cosa que aunque parezca extraordinaria no era tan rara por aquellos entonces en Setenil, como más tarde comprobé.
¡No hay remedio! Juan va ha comenzar su relato.
Era yo un chaval de doce o trece años cuando estaba al cuidado de un sandial que tenía mi abuelo en el campo. Sandías de esas verdes que había antes, todas iguales, grandes y brillantes. Cuando estaban las sandías para cogerlas, empezamos a darnos cuenta de que algunas tenían signos y figuritas brillantes que se distinguían en el verde. Si las mirabas bien podías ver estrellas, unas grandes y otras más pequeñas, se distinguía una figura en el centro que se asemejaba al sol, más resplandeciente que ninguna otra, con sus rayos y todo, y la luna en todas sus fases, la llena, la enmediá, la creciente y la menguante. Al lado los planetas, algunos de gran tamaño y otros minúsculos, las constelaciones; la osa mayor, la menor, el carro …
Yo me quedo sin palabras. Muchas de las historias asombrosas que conozco se las debo a Juan, pero esta de verdad me deja perplejo; ¡un pequeño sistema solar en una sandía!
¡Qué una ni dos! ¡veinte o treinta en todo el sandial! Y todos los años igual. Me interpela Juan y prosigue:
Yo me llego a mi chacho, le comento el caso y entonces me dice que eso era normal, que eran las sandías luneras que le decían y que la gente del campo las conocía desde siempre.
Como tantos otros, Juan y su familia calló este fenómeno. Era una cosa que pasaba y ya está, no era plan de que lo tomasen a uno por loco, me comenta. Yo me pongo a pensar sobre el asunto. Tiene que haber una explicación lógica. Posiblemente la misma luz de los astros quedara reflejada como una fotocopia en la piel de la sandía. Mi confusión se incrementa cuando Juan me asegura que el mapa estelar se extendía por toda la esfera, incluso la porción de fruta que estaba en contacto con la tierra.
Juan no puede parar ya. Me habla de otros fenómenos que se sucedían en la huerta, que si los rabitos de las habas en años bisiestos y años normales y otros prodigios hortofrutícolas, de luces y sonidos en la noche, de extrañas formas en el cielo. Yo le advierto de que todo lo que me cuenta pienso ponerlo negro sobre blanco, que tengo la intención de publicarlo. Esto parece disuadirlo por un instante, pero sigue.
¡Mejor! Así alguien que entienda de las cosas estas le pueda encontrar una explicación al asunto. Hoy Juan, hombre por lo natural de temperamento comedido, está desatado.
De buenas a primera las sandías luneras se hicieron más raras hasta que dejaron de aparecer, y te digo que ni yo ni nadie que yo conozca hemos vuelto a ver ninguna como aquellas que se veían antiguamente.
Juan calla y vuelve su vista hacia la pantalla del televisor donde la imagen recrea un paseo por los anillos de Saturno. Finalmente suelta una de esas prendas que no tienen desperdicio:
¿Sabes lo que creo que pasó? Pues que se rompió un vínculo muy especial entre el hombre y la naturaleza, se quebró una relación que había existido desde siempre y sabe dios cuando se volverá a repetir.
Como es habitual, Juan me deja a cuadros. Pienso en lo que me ha contado aunque no termino de creerlo. No es que piense que me está engañando sino que él mismo pudo estar confundido, que creyó ver algo parecido a una constelación en un sistema solar en el sandial de su abuelo, pero por otro lado, me dice que era algo normal por aquellos entonces y que eran muchos los labradores que tenían luneras en sus pueblas. Yo mismo, al inicio del relato, pensé en una lógica científica, en el poder que los planetas y los astros ejercen sobre las personas, los animales y en definitiva en todos los seres vivos.
Damos por válido todo lo que nos cuentan extraños a diario en los medios de comunicación, en programas destinados al entretenimiento, en libros con el marchamo de serios, los razonamientos de predicadores de tres al cuarto, y no damos crédito al testimonio de un vecino al que tenemos en gran estima.
¿Por qué razón la historia de las sandías luneras no puede ser cierta? Nos ha tocado vivir una época extraña y desconcertante en la que los grandes dogmas que sostenían como pilares la sociedad han caído. Nada es eterno ni perenne, todo muta. Ni la religión ni mucho menos la política pueden darnos consuelo, en ética todo es relativo y cuestionable, infalibles gurús aparecen a diario para darnos soluciones temporales, nuevos dioses: el dinero, el deporte, la tecnología.
Este mundo parece que va que se las pela, que haciendo buenas las teorías de la relatividad, los relojes van cada vez más aprisa y en el fondo lo que dice Juan puede tener su lógica, que se ha roto un vínculo muy especial en tanto en cuanto los hombres no tenemos ni el tiempo ni quizás las ganas para pararnos un momento a mirar el cielo en una noche estrellada.
En fin amigos, que cada uno piense lo que quiera. Desde luego la historia de Juan y de las luneras es extraordinaria, pero tiene su lógica y razón. Yo, que desde hace algún tiempo he puesto mis creencias e ideologías en cuarentena, no podré reprimir la curiosidad de echarle un vistazo a cada sandía antes de clavarle el cuchillo. ¿Quién sabe?

¡Salud amigos! en esta fría tarde de otoño.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Un otoño caliente (II)

La semana pasada, unos días antes de que llegara el puente, un operario, cual guerrero homérico en las costas de Troya, alcanzó Las Cuevas del Sol. Con paso cansino pero decidido, bien pertrechado de cubo y escoba, se dirigió a esa papelera amiga mía. Pausadamente, con la mano firme del que conoce bien su oficio, anuda la bolsa de la basura, la saca de su recipiente y la mete en el cubo con ruedas que traía rodando. Así de fácil, así de sencillo. Atrás quedan quince días ¡quince! de agradable compañía, del sutil aroma de aquello que suponemos podrido, de la rutina costumbre de estar a diario junto a esa montaña orgánica y viva en continuo crecimiento.
Cuando el operario se alejaba con su preciada carga, me pareció ver a aquella familiar cáscara de plátano despedirse de mí diciéndome adiós con su manita. ¡Hasta siempre amiga! Suerte allá donde vayas.
Cae el otoño por estas tierras. Ayer, una manta densa y fría barrió el término y sumió a Setenil en un triste gris. Luego salió el sol y la humedad se disipó en minutos creando una atmósfera difuminada e irreal. Después de la tempestad siempre viene calma, axioma válido tanto para la climatología como en la hostelería e industrias afines.
Se nos fueron las fiestas de Todos los Santos y Difuntos y un año más nos quedamos sin un especial en este blog, siendo precisamente este uno de los temas que más me gusta tratar, tanto por celebrarse en las medianías del otoño como por tratarse de una fiesta extraordinaria en todos los sentidos, nada más y nada menos que un acercamiento a la muerte y todos sus fastos.
Otra cosa es lo de Halloween que año a año triunfa en nuestro país merced a la publicidad y sobre todo a la claudicación vergonzosa de profesores y padres que olvidan la extraordinaria tradición popular, religiosa y pagana de la cultura y mitología hispánica. Luego querremos que los ingleses nos devuelvan Gibraltar.
Yo desde luego me quedo con mis historias de fantasmas y aparecidos, con los sobrenaturales seres del bosque y las fuentes, con las ánimas benditas, con el ancestral respeto a los lugares donde reposan los restos de aquellos que se fueron, con el Don Juan Tenorio y las leyendas de Bécquer…en fin todo aquello que los españoles un día llevaron a América y que aún hoy perdura vivo y enriquecido en aquellas tierras más aún si cabe.
En fin, que le vamos a hacer. Como digo se me quedó en el tintero ese especial y con él unas fotografías antiguas que vienen a representar ese primitivo respeto a la muerte tan nuestro, tanto la que se vislumbra en el horizonte como la que ya resulta un hecho consumado. Para el próximo año será.
Pasaron estas fiestas tan bonitas de visitas al cementerio y castañas asadas. Una multitud hipoglucémica, ávida de ver y comer en hora y media todo lo que pudiera, desembarcó en Setenil. ¡Miles, miles de personas! ¿Quién puede barajar eso? A esto lo llaman turismo de aluvión, que sin bien te puede salvar la caja del mes no deja de ser peligroso por las funestas consecuencias que puede acarrear. ¿Pueden comer todos en el pueblo? ¿Dónde hace sus necesidades tanta gente? ¿Acaso pueden aparcar sus vehículos cuando no hay ningún lugar habilitado para tal efecto?
El caos del tráfico fue colosal y para colmo de males las fuerzas de orden público multaron a los vehículos que estacionaban en los arcenes de la carretera. No termino de dar crédito a esta noticia. Unos dicen que fueron cientos y otros dicen que sólo unos cuantos. La Guardia Civil, los municipales o todos fueron los que se pusieron a rellenar formularios de multas, competencia municipal o de la Comandancia, seguridad vial o simple afán recaudatorio…lo cierto y verdad es que al visitante que le endiñen una multa por venir a Setenil, cuando encima no ha encontrado ningún lugar para aparcar, ese no viene más.
El Ayuntamiento, en todo caso debe de poner manos en el asunto porque de otra manera estaría eludiendo algo que es de su total responsabilidad.
¿Afán recaudatorio? Llega el pago anual de las contribuciones. Setenil, un año más, uno de los pueblos de la provincia de Cádiz donde más han subido los tipos y que nadie nos engañe…se trata en gran medida de una competencia de los ayuntamientos, así que ya no pueden escurrir el bulto como si la culpa fuera de otros. A este paso, vivir en un pueblo como este será más caro que hacerlo en una ciudad y tener una cochera en cualquier cueva de Setenil será más gravoso que un local de la Castellana de Madrid.
Esto en un problema que afecta directamente a nuestro bolsillo, máxime si no tenemos muy claro cuales son los servicios a los que se destina parte del dinero recaudado y la calidad de los mismos es cada vez peor.
Inspectores de aviesas intenciones, multas y sanciones. Me acuerdo yo de aquel arriero que hizo fortuna acarreando tierra del río a las obras de la carretera. La vida antiguamente sería mucho más dura pero también más fácil y todo parece enmarañado, turbio y sucio.
Lluvia de meteoritos en Las Cuevas, espectáculo asegurado ¡que falta hace una limpieza a fondo de los tajos! porque cualquier día habrá una desgracia. No pueden ni imaginarse la cara de sorpresa y estupefacción que se le queda a los turistas cuando un recio bollano de piedra caliza se precipita al vacío desde las alturas y se hace añicos a pocos metros de donde degustan una masita de chorizo. ¿Seguro que esto no se cae jefe?
Que no hombre que no, que esto lleva mucho tiempo así… ¿tan mala suerte vamos a tener que nos va a tocar a nosotros? Le responde uno sin mucha convicción.
Como dice un amigo nuestro, si las Escuevas dicen a caerse, mejor que el desprendimiento te pille en el Llano del Higuerón.
Bien lejos, a Sevilla de fueron los niños de Sonrisa Libre con sus familiares, que allí les esperaba nuestro amigo Pedrín con Modesto Barragán, Juan y Medio, Alvaro Moreno de la Santa y Nuria del Saz para que Pedro Caballero les hiciera el reportaje de un calendario que será la sensación de las navidades.
Hay que ver la de cosas que lleva hechas Pedrín en tan poco tiempo. Desde Imagina Setenil ha puesto el pueblo patas arriba creando una herramienta de corte profesional que se ha convertido en la auténtica gaceta local, informando y fomentado un debate necesario y vital para la salud social de este pueblo.
Esto se llama movilizar al personal, ayudándonos además con su aliento y cariño a tener un sentido crítico de las cosas, a pensar por nosotros mismos y a no temer decir lo que ven nuestros ojos. Y todavía hay gente que busca una explicación a esa conducta altruista, como si ayudar a tus vecinos fuera algo meditado y preconcebido para alcanzar otros fines. Cree el ladrón que todos son de su condición. Personajes y personajillos, mediocres,  trincones y bravucones de tres al cuarto, perdonavidas que no soportan que otros sean capaces de hacer cosas que a ellos ni se les ha pasado por la cabeza, gente en definitiva que son incapaces de mover un dedo por sus semejantes si no hay pasta de por medio. Sus amenazas, sus anonimos y aspavientos suenan a rebuznos en la noche. Que la indiferencia y el olvido caigan sobre ellos.
Aixa, Fátima la Horra, la sultana despechada, odia al emir de Granada, y será capaz a azuzar a Boabdil, el hijo de ambos, contra el propio padre. Mientras tanto el emir ama a Isabel de Solís a la que hará su esposa. Cae Zahara en manos nazaríes, Gonzalo Fernández ama en secreto a Isabel pero ella sólo tiene ojos para Fernando, y Fernando…bueno, este las ama a todas. El mundo se derrumba a nuestros pies y nosotros nos enamoramos.
Los Reyes Católicos ya están en Álora, la bien cercada. Ramírez prepara sus bombardas, el Marqués de Cádiz galopa al frente de sus dos mil de a caballo. Fernando, el hábil estratega en el Maquiavelo se inspirara para su Príncipe, prepara el asalto definitivo de Setenil, la perla de Granada, mientras Isabel le espera en Sevilla.
Los lunes por la noche, amigos míos, batallitas.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Un otoño caliente (I)

Vinieron estas someras aguas a enfriar algo la atmósfera, que ya venía siendo necesario. Lluvia para darle el último empujoncito a esas aceitunas que se van pintando de negro en los olivos y lluvia para limpiar de polvo caminos y veredas. Quedaron atrás el ordeño de las viñas y la cosecha de membrillos, aromas de mosto y frutas confitadas. Papeletas, lotería de navidad y polvorones, que hay que pagar el viaje de fin de curso y restaurar las imágenes. Así somos por estas tierras, cuando aún no ha llegado el invierno ya estamos pensando en abriles y mayos, un pueblo el nuestro que vive por y para los esplendores de la primavera.
Hace unos días, hablando con una anciana señora de lo mal que andaban las cosas por el mundo, me interpeló; ¡Y Padre Jesús fuera de Setenil! Quizás no lo había pensado antes, pero es verdad. Lo que para algunos significa un mero trámite, para otros puede resultar difícil  y complicado estar lejos de esas veneradas imágenes a las que dirigen sus plegarias en los momentos de dificultad.
Un amigo nuestro, algo descastado en estas cuestiones, admitámoslo, se encontró a Padre Jesús en Sevilla capital. En las fotos se le ve emocionado, no es para menos, es como si te encontraras con un viejo paisano por la calle Sierpes y te paras un ratillo con él cuando quizás en el pueblo la cosa quedaría en un simple ¡Ay! ¡Eh! ¡Que pasó!
Fenómeno curioso este. La cámara vacía, la cruz postrada, Simón absorto. Hay gente en Setenil que cuenta los días desde que esta sagrada imagen saliera de San Benito y no ve el momento de que lo traigan de vuelta.
Los días de sol traen marejada de visitantes. Este otoño los recibimos con contenedores nuevos, ahora sólo falta que recojan de vez en cuando la basura. En las Cuevas del Sol las papeleras llevan tres semanas hasta la bandera luciendo al sol y la lluvia un pastel sucio y maloliente. Imagino que como viene siendo habitual de puente a puente, del puente de los Gallos al de la Calle Ronda y del puente de la Hispanidad al de los Santos.
Los viernes pasa una señora mayor barriendo las calles. La pobre mujer pone interés, que lo deja todo muy limpio, pero luego no encuentra donde dejar la basura. Las hojas de lechuga y las cáscaras de plátano recibirán a los turistas una semana más…¡Setenil con los cinco sentidos!
Luego está lo de la señora, que aquí se ayuda a todo el mundo, faltaría más. Alguien, quizás algún setenileño preparado y estudiado de esos que han tenido que dejar su tierra para ganarse la vida por esos mundo de dios, debería explicarle a esta gente lo de Keynes, por que me da la sensación de no lo han entendido bien del todo.
Hablando de setenileños por el mundo; Francia, Suiza, Alemania, Holanda. Los hijos de aquellos emigrantes retornados de los noventa cogen ahora las maletas y se vuelven para esas europas donde nacieron. Triste sino el de estos pueblos sin pan ni trabajo para sus gentes. También tenemos alguno en Oxford, si señor. Este si que sabe de economía. Me imagino a mi amigo como a Jarry Potter en el Colegio Hoqwart de Magia y Hechicería.
Magia y hechicería es desde luego lo que haría falta para darle un arreglo a esto. Los tontons siguen llevando a los visitantes a Los Villalones y de allí de vuelta por sus pasos a Algodonales, ¡toma ya! Que la culpa es de Diputación…Cual, ¿de la de Málaga o la de Cádiz? Quizás sea de los pueblos interesados en esa carretera. Yo, un día que pasaba puse una caja de cartón que ponía carretera cortada pero se ve que con la lluvia se ha borrado.
Ayuntamientos, Diputaciones, mancomunidades etc. Quizás se debería crear una empresa pública para gestionar esos pequeños asuntos que se escapan de las competencias administrativas de esos organismos. Podríamos llamarlo “Instituto para cosas que no nos sale de adentro solucionar pero que de verdad interesan a la ciudadanía”. Anda que no se podía colocar a gente, así, y una escuela taller también, con una entrevista y todo para hacer las cosas como Dios manda.
Bueno todo se andará, poquito a poco que hay muchos agujeros que tapar. Por cierto, ¿nadie se ha preguntado que es lo que pasa con la depuradora?
Oiga, ¿para visitar Peña Caída?
Coja usted esta calle todo recto y cuando llegue a un lugar que apesta mucho coge a la derecha.
Vale, muchas gracias.
Setenil sigue en la inopia. No se organiza nada de interés en meses y cuando se planea algo interesante, una charla sobre algo relacionado con la represión franquista en la Sierra de Cádiz, no va nadie. Dicen que lo publicitaron en un blog y que pusieron un par de carteles, pero no resultó. Una pena. Es que no dan una a derechas. Otra polémica. Que si tu que si yo, que si pitos que si flautas... y ya van muchas. Por cierto, alguien preguntó en aquella sala por los papeles quemados el año pasado en el edificio del antiguo sindicato. La cosa parece que se mueve de nuevo y ya va siendo hora de que los responsables nos den una explicación.
Juan el de la Residencia pasa cantando por la calle. Hoy le ha dado por el “¿Dónde estará mi carro? del gran Manolo Escobar. Homenaje sentido desde Setenil Rural. ¿Saben que Manolo cantó en Setenil? Fue en una feria y en mitad de su actuación se volvió para el público y les pidió un poquito de entusiasmo, que aplaudieran al final de cada canción o algo parecido. Alguien le debería haber explicado que en Setenil somos así, apáticos por naturaleza. No es que no le gustara a la gente la actuación, que aquello estaba hasta la bandera, pero es que al setenileño humano eso de salirse del tiesto...un amigo mío dice que aquí sólo se moviliza el personal con la Legión, cuando viene una riada o cuando gana el Madrid, ¿qué le vamos a hacer?
Cada vez que veo esta calle nuestra de Gibraltar Español me acuerdo de Manolo Escobar y del ¡Qué viva España! ¡Que tío más grande!
Un incipiente verdecillo asoma en los campos, suenan las hojas de los frutales como sonajas huecas, las nueces se desprenden de sus abrigos verdes. Mañanas de niebla en la Mata, densas humaredas en la lontananza, las mujeres que suben al cementerio a preparar los nichos de aquellos que se fueron, ya huele a cisco y castañas asadas. Parece que definitivamente el otoño ha venido para quedarse.
Mis amigos holandeses, aquellos del paseo por Jabonerías y Cabrerizas ¿los recuerdan? Me mandan unas fotos; La iglesia, blanca como un merengue, se yergue hiniesta como un tóten primitivo, cúmulo de piedras sagradas recortadas en un cielo azul radiante. Nada, ni tan siquiera la petulante interpretación de reinventar lo que ya está inventado puede robarle a Setenil su gracia y belleza.
 

¡Salud amigos! y feliz fiesta de Santos y Difuntos

lunes, 14 de octubre de 2013

Un paseo por Jabonerías y Cabrerizas

Tengo la costumbre de aconsejar una rutita por Setenil. Les digo a aquellos que me piden consejo que el pueblo se estira a todo lo largo del río, que serpentea haciendo curvas y que se expande a diferentes niveles. Recomiendo sobre todo que pasen de las Cuevas, calle donde la mayoría creen que acaba el pueblo, a Jabonería y Cabrerizas y desde allí crucen el río para subir por Herrerías a la Plaza y la Villa.
El pasado viernes, al ir a recoger el coche, tuve la oportunidad de acompañar a unos amigos holandeses al inicio de esta ruta. Con mucha dificultad y trazando imágenes en el aire, traté de explicarles lo que en tiempos era la antigua ciudad medieval vista desde abajo; la muralla, la torre, la iglesia construida sobre una antigua mezquita, la mina. Les hablé así mismo de las luchas entre moros y cristianos, lo difícil que resultaba el asalto a una fortaleza de este tipo y como al final tuvo que ser la pólvora de la Reyes Católicos la que acabara por doblegar la resistencia nazarí.
Entrando en el más castizo de los tópicos, traté de contarles alguna historia de bandoleros e incluso esbocé como pude los hechos de aquel destacamento de dragones franceses emboscado no muy lejos de allí por las partidas del cura Lobo.
Estos amigos literalmente alucinaban con la imagen de un Setenil enriscado en lo alto de un muñón, el famoso nido de águilas del que hablaran los escritores, con los tajos, las peñas, con las historias de aquellos antiguos setenileños valientes y románticos, fieros y salvajes, con la visión de un pueblo encastrado en el cañón de un río, una tierra abrupta y áspera muy diferente a las verdes y amables campiñas de donde vienen.
Absorto en mi papel de cicerone los acompañé hasta el inicio de las Cabrerizas, justo donde el río traza su enésima curva y hiere la piedra de forma tan agresiva. Es justo en esa curva donde se firmó gran parte de aquel capítulo de Curro Jiménez. ¿Cómo explicar a unos holandeses quién era el famoso bandolero, héroe legendario de aquella infancia nuestra huérfana de spidermanes, bátmanes y otros seres de sobrenaturales poderes?
 Resulta aquel tramo quizás el más espectacular del recorrido; el cauce del río se ensancha abriéndose y doblándose como una enorme serpiente, haciéndonos imaginar lo que tuvo que ser en tiempos geológicos esa fuerza telúrica y abrasiva que zanja la piedra de tal manera.
Es allí sin embargo, allí mismo, donde la simple contemplación del río desde la albarrá se convierte en un auténtico espectáculo, donde podemos observar alguno de los atropellos más lacerantes que se han cometido contra Setenil; Bajo la misma ciudad antigua, en el mirador natural para ver como el Trejo escapa tramo a tramo, curva a curva del casco urbano, se erige la monstruosa imagen de una mole de hormigón que algún día será un aparcamiento. Paralelo a esto, se extiende la escombrera de hierros y cemento en la que se ha convertido un camino que se pretendió discurriera por el mismo cauce, dos de los proyectos más ruinosos y descalabrados que se han consumado en nuestro pueblo.
A principios de los años noventa Setenil aún era un pueblo abierto al río, para lo bueno y para lo malo. Todas las casas ribereñas tenían una bajadilla y en el mismo lecho había desde aves de corral a borricos. Era, como hemos hablado más de una vez, una calle más del pueblo y el lugar predilecto por los niños para jugar y divertirse. Así mismo y es justo recordarlo, se trataba de un auténtico vertedero donde se tiraba la basura y vertían las alcantarillas sus aguas fecales, un lugar insalubre y lleno de ratas en muchos casos que necesitaba de una solución para adecuarlo a los nuevos tiempos.
Fue por esta razón, así como acabar de una vez con el peligro que suponían las periódicas avenidas de agua que tanto daño han ocasionado en Setenil a lo largo de su historia, lo que hizo concebir el plan de alcantarillado de las aguas residuales dentro de la misma canalización del río, quizás uno de los proyectos más ambiciosos e impactantes de la historia moderna de Setenil.
Tuvo esta colosal obra aspectos positivos y negativos, un lógico claroscuro donde se enfrentan el pragmatismo con la belleza y la idealización de un tiempo que ya sólo existe en nuestra memoria. Al enorme impacto económico que supuso la creación de empresas y contratación de tantos operarios para las obras, habría que oponer la agresividad con el mismo entorno natural del río, con esos graderíos de roca que orillaban en la misma ribera, con la imagen de un Setenil que ascendía escalonado piedra a piedra. Quede como recuerdo del impacto de las obras la destrucción de aquel antiquísimo puente de la calle Ronda, uno de tantos disparates que se han concebido en nuestro pueblo en los últimos tiempos.
Sin embargo hoy día tenemos un lecho del Trejo limpio de aguas fecales y más seguro frente a las riadas. El proyecto de canalización del río supuso desde luego la entrada de Setenil en la modernidad. Perdimos en el camino la esencia primitiva de un pueblo que nace en la ribera del río pero que con el tiempo lo convirtió en el patio trasero de su casa.
Quizás, décadas después de haber finalizado las obras, hubiera sido el momento de reconciliarnos con este Guadalporcún, que a su paso por Setenil llamamos Trejo. Hubiera sido el momento de arreglar esas riberas de las afueras respetadas por el hormigón, disfrutar de esos tajos afilados, de las peñas, de las cuevecillas de se forman en los márgenes, de la vegetación propia de ríos y espacios fluviales, de chopos, adelfas, del radiante verdor que estalla aquí y allá con la frescura del agua. Hubiera sido el momento de disfrutar de la fauna del río, de las truchas, de los ranos y las culebras, de las salamandras que moran en las oscuras cavidades de aguas primigenias que rezuman de la piedra. Hubiera sido el momento de acercarnos a ese río nuestro con otros ojos.
Pero no, no era el momento. Bajo la misma ciudad amurallada de un Setenil de leyenda, allí donde el cemento de las canalizaciones se volvía tajo y ribera, se erigió uno de los mayores monumentos a la sinrazón que se han perpetrado en la comarca. Me refiero a ese edificio que bajo la calle Calcetas se levanta como un auténtico dinosaurio (sic), un mega parking que haría enrojecer de envidia a cualquier centro comercial del mismísimo Madrid.
De todos es conocido los problemas que hay en Setenil para aparcar, situación que han solucionado en otros pueblos de nuestro entorno con explanadas asfaltadas y señalizadas que dotan a esos municipios de un valor añadido. En Setenil no existe nada parecido. El mega parking bajo la Calle Calcetas lleva ¡¡veinte años!! en construcción y desuso, veinte años de un proyecto nunca acabado y que por si fuera poco ha destrozado para siempre uno de los parajes más bonitos del pueblo… Y encima los visitantes no encuentran donde dejar sus vehículos.
Junto a este mausoleo del despilfarro y la falta de utilidad que supone el aparcamiento, para seguir trabajando en esa reconciliación de Setenil con su río… se planifica la creación de un camino a ras del cauce por esos parajes, un proyecto bien intencionado diría yo, simpático quizás, de no ser porque este río nuestro tiene la costumbre de crecer todos años y llevarse todo lo que coge por delante. Resultado, cuando aún no estaba terminado, esa parte del río destinada al disfrute de setenileños y visitantes, merced a una riada, se convierte en una mole de hormigón, hierros y farolas arrubiadas en todo el trayecto. ¡Cinco años! ensuciando aquella parte tan bonita y espectacular de Setenil.
¿Cómo explicar a estos amigos holandeses todo eso? ¿Cómo explicarles que en los tiempos que corren unos gobernantes pueden cometer semejante atropello contra su mismo pueblo? un pueblo que en un futuro pretende vender su belleza para vivir del turismo. ¿Cómo hacerles comprender ese interés de nuestros políticos por obras colosales de altísimos presupuestos y tan bajas prestaciones?, ¿Cómo explicarles que en esa ribera había una fuentecilla de agua cristalina donde acudían los vecinos a llenar sus cántaros de agua, que el río formaba una playita de arena rubia frente a la cueva, que bajo esas chumberas, Curro Jiménez luchaba a navaja en un decorado de pitas y fuego, que en la misma calle Cabrerizas, justo encima, sonaban guitarras y palmas, donde los cabreros bajaban sus cabras para darles de beber y a que ramonearan en el verde del cauce? … y que Setenil era más bello de lo ellos pueden ver ahora.
 Decía A. Ganivet respecto a la canalización de Darro a su paso por Granada que “el que concibió la idea de embovedarlo lo concibió de noche: en una noche funesta para nuestra ciudad”. La canalización del río en su día fue un hecho traumático para Setenil pero que ha larga ha demostrado ser algo necesario. El aparcamiento, gigante, desmesurado y sin uso, que se extiende muerto e inerte en uno de los lugares más bonitos de Setenil, así como ese caminito del hablamos, no es que fueran concebidos de noche, sino que fueron ideados en el más oscuro de los eclipses que se recuerden. Un colosal disparate digno de estudio.
Conocemos ahora que existe un proyecto para la finalización del parking así como su puesta en valor mediante una concesión administrativa. Buena idea. El daño está hecho, pero Setenil necesita un lugar de aparcamiento, a ser posible gratuito, que pueda aliviar la cogestión de tráfico. Necesita además la creación de otros lugares destinados a tal uso, pero sería necesario que esta vez se tratara de proyectos más sencillos y útiles, como dicta el sentido común, y que a ser posible no supongan un atentado a la vista. Setenil necesita además que de una puñetera vez se limpie la escombrera en la que convirtió ese caminito que nunca llegó a utilizarse y por si fuera poco, después de más de veinte años de acabadas las obras de canalización del río, el cauce requiere de mantenimiento; las mellas de los muros que han perdido su decoración de piedra, lozas de hormigón desplazas, represas de aguas estancadas, tuberías rotas, algo de limpieza etc.etc.
Algún día Setenil deberá volver su mirada al río, deberá comprender que no hay ruta más bonita que pasear por Las Cuevas y pasar a Jabonerías y Cabrerizas, que la depuradora no olerá a perros muertos y que entrará de nuevo al pueblo por Calañas, que podrá bajar por Calcetas y pasará bajo Los Cortinales a Mina y Herrería, que algún día se podrá acceder a Las Cuevas de San Román, y no habrá nadie en el mundo que no querrá venir a Setenil, porque primero la naturaleza y luego los hombres que lo habitaron antaño, han hecho de nuestro pueblo un lugar asombroso y único.
En el encuadre perfecto de un pueblo arriba y abajo de la piedra, con la vista de casitas imposibles devoradas por los tajos, entre pitas y chumberas, bajo el sol de este otoño de fuego, me despido de los amigos holandeses. Los dejo asomados a la albarrá, perplejos y fascinados con este mundo de ensueño, imaginando quizás a ese legendario Curro Jiménez del que les hablé, blandiendo su faca a la luz de las candelas.
¡Salud amigos, seáis lo que seáis!
Foto de J.M. Fernandez que muestra la zona antes de las obras

domingo, 29 de septiembre de 2013

Síndrome de Stendhal en Setenil

Aumento del ritmo cardiaco, vértigo, confusión, temblor quizás alucinaciones…son algunas de las reacciones psicosomáticas que puede sufrir un individuo cuando se expone a la contemplación de obras de arte o la acumulación de belleza. Es el Síndrome de Stendhal, descrito de esta manera por el viajero y escritor romántico del mismo nombre cuando visitaba la Basílica de la Santa Cruz de Florencia.
Representa esta foto más que ninguna la perplejidad que supone pasear por primera vez bajo la insondable majestuosidad de los tajos setenileños, la impresión innata de estar bajo toneladas de roca que desafían la ley de la gravedad, embargado quizás por la inverosímil matemática, por la insondable geometría de la piedra colgada del firmamento, sin que el pensamiento sea capaz de emitir ningún juicio o sentencia.
Como un signo de admiración, la sombra del viajero se alarga al sol del mediodía bajo un cielo nítido. "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
¿Acaso no tratan de representar las formaciones y esculturas de una Catedral las primigenias cuevas que habitaron nuestros ancestros? Como el mismo Stendhal ¿Puede un alma apasionada pasar indiferente bajo la telúrica fuerza de estos templos naturales ?