miércoles, 13 de octubre de 2010

1er.Tostón de Clásicos en Setenil

Cartel del "Tostón de Clásicos"
Los "chicos de la Villa"no paran de organizar cosas, y para el 31 de Octubre ya preparan el "Tostón de Clásicos", que supongo que es una concentración de vehículos antiguos amenizado con un tostón de castañas, algo de música, cervecitas y almuerzo. Como podemos ver, a los participantes se les entregará una cesta de productos setenileños de las empresas que participan en el evento.
En el cartel podemos ver el famoso "seita" de Juan Manuel cruzando el Arco de la Villa.

viernes, 8 de octubre de 2010

Dos puentes sobre el Río Guadalporcún

Foto: Setenil69
Esta foto de Setenil69 es de hace más de un año, concretamente de enero de 2009, y representa una panorámica del conocido como "Puente de Zamudio" tomada desde El Carmen más o menos.
Se nota claramente que se hizo en una mañana de invierno, donde la tenue e incipiente luz matinal se refleja en la humedad y el vaho de la blandura que cayó en la noche pasada.
Justo detrás del viejo puente de paso de vehículos se puede ver la nueva pasarela de madera que une El Carril con la Coronilla, un lugar ideal para ver la unión de dos arroyos, uno que baja de la Campiña y otro de la Sierra, que se funden para cruzar Setenil. En los días de crecida, pasar este puente es un auténtico ejercicio de valor, como recordarán de las imágenes que vinos en el invierno pasado, y se puede distinguir claramente la diferencia del color de las aguas que bajan de uno y otro lado. También puede ser el lugar ideal para iniciar la "Ruta de los Bandoleros", que ya conocimos en otra entrada (les recomiendo que la revisen, pues un usuario de la Ruta y de este blog, Francisco Jesús Gil, ha publicado en Google Map un plano de la ruta, que resulta muy útil e interesante).
Un bonito rincón desde luego para descansar, disfrutar de unas vistas agradables y si les apetece, gozar en el Bar Zamudio de algunas de las tapas más deliciosas, originales y elaboradas de la provincia de Cádiz.
¡Salud!
Ruta de los Bandoleros: Setenil-Acinipo. Setenil Rural

miércoles, 6 de octubre de 2010

Diego Tornay: Un exiliado setenileño en América

En los confusos momentos inmediatos a la entrada en Setenil de las tropas nacionales, son muchos los acontecimientos que se suceden. Como ya vimos en otros artículos, nuestro pueblo ha permanecido casi tres meses en manos de milicianos anarquistas sobre todo, en el centro de una tierra de nadie donde las refriegas, los ajustes de cuentas, los asesinatos y el desorden estaban a la orden del día.
Estamos en Septiembre de 1936, las tropas nacionales han cortado la exigua línea de defensa de los milicianos entrado en Setenil el día 18 de este mes. Se habla entonces de escaramuzas más que combates y algunas ejecuciones sumarias, así como muchas detenciones. Como venía siendo habitual, todos aquellos que opusieran resistencia a las tropas, los sospechosos de haber participado en actos criminales, vandalismo, vigilancia etc, los antiguos cargos republicanos o simplemente los que no ocultaban su afinidad con grupos de izquierda, eran rápidamente represaliados.
Diego Tornay Mariscal, concejal de Setenil por Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, estaría por tanto en las listas para ser detenido.
Por la vereda que desde Setenil conduce a la Venta de Leches, dos hombres a lomos de caballo se dirigen hacia la Viña Alta. Al llegar al cortijo le preguntan a Manuel Tornay Aguilar por el paradero de su hijo Diego y este, tranquilo y sosegado, les responde que no se encuentra en ese momento, que está arando en la Campiña.
Los hombres hablan entre ellos y vuelven sus monturas, mientras el viejo les observa en la puerta de su casa hasta que en un recodo los pierde de vista. Entonces avisa a un muchacho que trabaja en la casa, le prepara su mejor yegua y lo manda a que avise a su hijo.
La yegua es veloz y el muchacho logra el objetivo de dar el recado antes de que lleguen los dos misteriosos jinetes.
Testimonios familiares hablan de que Diego fue avisado la noche antes de la entrada de las Tropas Regulares en Setenil por un militante falangista, un amigo que salvó la vida al ser acogido en la Viña Alta durante los peores momentos del “terror rojo”.
Ignoro si estos jinetes eran pistoleros que tenían la misión de detener al antiguo concejal o las personas encargadas de avisarlo, pero el hecho de que su padre se apresurara a mandarle el recado de que tenía que huir a toda prisa hace pensar en lo primero.
Quizás Diego ya sabría lo de la entrada de las tropas nacionales pero se sentiría a salvo por no haber participado en altercados ni ningún hecho delictivo, y se limitaría a hacer su vida cotidiana.
Sea como fuere Diego logra escapar evitando de esta manera su captura y muy posiblemente su muerte. En estos momentos se le pierde el rastro. Suponemos que huyó por la sierra hacia Ronda y desde allí a Málaga como tantos refugiados de la comarca, para continuar de esta manera una huida ininterrumpida hasta su embarque hacia América.
En España deja a su familia; padres, hermanos, mujer y tres hijos, que nada saben de su situación pero sufren el celo de los nacionales en los interrogatorios. En lo que es hoy el antiguo edifico del Sindicato frente a la Parada de la Calle Ronda, su madre y su hermana fueron detenidas hasta que son liberadas por la mediación de la suegra de esta última, que usa sus influencias para convencer a las autoridades de que nada saben del paradero de Diego, mientras que los miembros varones de la familia tienen que quitarse de en medio por una temporada.
Pese a que la guerra ha terminado en Setenil, el conflicto fraticida continua desgarrando el resto del país y nada presupone que las cosas vayan a calmarse. No hay cartas ni llamadas telefónicas y la familia se teme lo peor.
En los archivos de la Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles, organismo encargado del auxilio de los primeros exiliados republicanos en América, aparece una referencia a Diego cuando pide una ayuda para pasar de Ciudad Trujillo (¿Perú?) a México:

Junta de Auxilio a los republicanos españoles (JARE)
Libros de actas (1939-42)
Libros III y IV
Biblioteca Virtual Cervantes
Acta nº 19.
Reunión del 12 de marzo de 1941.
5.- Abonar el viaje de Ciudad Trujillo a México a las siguientes personas: Esteban Isern Cervera, Manuel Suárez Villa fuerte [sic], esposa y dos hijos; Ernesto Rubio Milla, Diego Tornay Mariscal, Tomás Yuste Navas, esposa, tres hijos y cuñada, Sirio del Solar Romero y esposa, Emilio Sáez Abascal y esposa, Joaquín Viñas Montagut, esposa y dos hijos, y Angel Roig Estrada, madre, esposa y tres hijos, como comprendidos todos en el caso 2º; y a Gaspar Ruiz Lecina e hijo, Julio Sanz Sainz, esposa e hijo, y Carlos Romero Ortega, como incluidos en el grupo 1º.

Luego, unos días después, se ve que queda anulada esta petición de ayuda, aunque ignoramos si se produjo o no este viaje a México:
Acta nº 23.
Reunión del 25 de marzo de 1941.
Adóptense los siguientes acuerdos:
1.- Girar seiscientos dólares al ex diputado don Eduardo Castillo para su viaje y el de su familia desde Ciudad Trujillo en donde se encuentra a México.
2.- Anular el acuerdo relativo al pago del pasaje de Diego Tornay Mariscal de Ciudad Trujillo a México.


Hasta aquí la frialdad de los documentos que aportan muy pocos datos sobre el periplo inicial de su exilio americano, y es en este momento donde cobran importancia los testimonios orales, que cuentan la curiosa manera en la que Diego logra ponerse por primera vez en contacto con su familia en los primeros años de la década de los cuarenta, cuando la Guerra no ha hecho más que terminar, pero donde aún es imposible que los exiliados republicanos puedan contactar con sus familias.
Así se sabe que aprovechando el evento de que el diestro cordobés Manolete toreaba en Ronda, Manuel Tornay recibe un aviso para que se llegue a la plaza y hablar de esta manera con el torero o alguno de la cuadrilla. Allí, en una cafetería o en cualquier recodo del coso rondeño se le informa de que días atrás Diego había estado con ellos en América y les había dado recado de que se encontraba en perfecto estado, y que por ahora era imposible su vuelta a España.
Efectivamente, si seguimos la trayectoria de Manolete en América, vemos que toreó varias corridas en México y otros países iberoamericanos desde 1941 hasta 1947, incluso tenemos una serie de corridas en Colombia, destino final del periplo americano de Diego Tornay.
En abril de 1946, Manuel Rodríguez “Manolete” se presentó en la plaza de toros de Santamaría ante una expectación sin antecedentes. Fue la única temporada en plazas colombianas del torero cordobés que también pisó el ruedo de La Macarena de Medellín. Su imagen quedó grabada en el recuerdo de quienes tuvieron la oportunidad de verlo y en las fotos de Manuel H, que se hizo mundialmente conocido por los instantes que logró capturar del torero más importante de los días posteriores a la guerra civil española. Efemérides.
...Los medios de comunicación habían anunciado que Manolete debía actuar en febrero en Bogotá, pero como el segundo mes ya había iniciado, un empresario anónimo tomo la iniciativa de contactar a Camará y le realizó el siguiente ofrecimiento:
“Manolete se comprometería a torear una corrida el 3 de marzo lidiando dos toros de casta de la ganadería de Vistahermosa. El empresario le pagaría la módica suma de 30 mil dólares (60 mil pesos) y el 33% de las utilidades. La empresa le pondrá avión expreso desde México a Bogotá, para que una vez cumplido su compromiso pudiera seguir hacia Lima donde debe torear el segundo domingo de marzo”.
La casi desesperada propuesta salió publicada en los principales diarios de la capital: El Tiempo y El Espectador, aunque nunca se hizo mención de la identidad de aquel empresario. Tanto Manolete como su representante jamás respondieron al ofrecimiento.
(
Fuente:El monstruo de Córdoba pasó por la Santa María. Redacción de Puerta Grande)
Se ha llegado a insinuar que este misterioso contacto del apoderado de Manolete con un empresario Colombiano, no era más que una tapadera para que un grupo de exiliados españoles pudieran enviar recados a España, usando a la cuadrilla del Califa Cordobés como mensajeros y evitando de esta manera el férreo control franquista.
Recientes investigaciones hablan de que Manolete y su cuadrilla se entrevistaron en varias ocasiones con refugiados españoles en América, por lo que esta información no deja de tener todos los visos de verosimilitud:
A su llegada al país hermano (México), en el que tanto se le admiró y quiso, gran parte de la prensa le criticó abiertamente tratándole, “como abanderado del franquismo”, exagerándose hasta lo grotesco su participación en la guerra civil española. Pero todo quedó zanjado cuando D. Indalecio Prieto, Jefe del Gobierno Republicano Español en el exilio, manifestó: Pero Manolo se reunió en el país hermano con varios intelectuales de la talla de don Pedro Garfia, poeta; don Antonio Jaén Morente (1), escritor; don Juan Rejano, poeta cordobés amigo suyo de la infancia; Rafaelita González, prima de Camará; y la más importante, se reunió un par de veces con Indalecio Prieto (2), Jefe del Gobierno Republicano Español en el exilio, quien dijo: “Manolete es el único español desde Hernán Cortés que ha venido a México y no ha hecho el ridículo.” En sus Memorias explica que tenía en su despacho una foto de Manolete con esta dedicatoria: “De un español a otro.” Semejante comentario expresado por un Republicano convencido fue, además, una prueba evidente de que Manolo era apolítico. El cuento de que el torero cordobés exigió que quitaran la bandera republicana que dicen ondeaba en la Monumental “Plaza México”, cae por su propio peso, pues allí no ha ondeado nunca alguna bandera en sus Plazas de Toros, ni nacional ni extranjera.
(Fuente:Toros en el Puerto. Plazareal.net .Su recuerdo sigue vivo. Juan José Zaldivar Ortega. 29 de Agosto de 2007).
Con el tiempo las cartas comenzaron a llegar y Manuel enviaba a la persona que me contó alguna de estas anécdotas a la casa de su hija Isabel. En ellas, Diego preguntaba por el campo y sobre todo por su familia, mientras "imploraba a Dios para que nuestro Caudillo Franco los dejara volver a España..." Era lógico que las cartas eran intervenidas antes de llegar a su destino y su contenido pasaría a los atestados de los servicios de inteligencia de la policía.
Diego inicia una nueva vida en Colombia, hace buenos negocios y prospera económica y socialmente, y tras la muerte de su mujer vuelve a casarse fundando una nueva familia, aunque alguno de los hijos que dejara en España viajan años más tardes a verlo.
Diego Tornay Mariscal era un hombre inteligente y honrado, conocido por su desprendimiento hacia los más necesitados, que pensó que una sociedad más justa era posible y que como tantos, pagó los platos rotos de un país que caminaba al borde del abismo.
Nunca más volvería a España.
Nota: En breve publicaremos algunas fotografías relativas a esta entrada.
Fuentes: Archivo Carlos Esplá. JARE. Libro de Actas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Sobre la restauración de la Iglesia de Setenil

De Setenil Rural
Hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, el edificio más emblemático de Setenil, se pueda restaurar, por lo que desde este blog solicitamos que en la reunión que se celebrará hoy en nuestro Ayuntamiento se tomen las decisiones correctas para proceder a su completa restauración y su apertura al público, pues no hay que olvidar que pese a tratarse del principal elemento de nuestro patrimonio histórico artístico, también es un edificio de uso cotidiano y diario de los setenileños y lugar imprescindible para la vida social, cultural y religiosa de Setenil, así como un sitio especialmente emotivo para su gente.
Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Setenil de las Bodegas. Setenil Rural
Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Setenil de las Bodegas (2). Setenil Rural
Iglesia de la Encarnación. Setenil. Setenil Rural

miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL hombre más feliz de Setenil

De Los Escarpes del río Trejo
El hombre más feliz de Setenil se llama Juan o José, no lo recuerdo, ronda los 65 años y no tiene dinero, quizás algunos euros en el bolsillo que se guarda cuando recoge la paguilla. Está cojo, o al menos renquea de una pierna que parece que la tiene de madera. Él dice que es “por la reuma”. Cuando joven, como tantos setenileños, tuvo que emigrar, y en Francia se ocupó donde le dejaron, en los trabajos más duros que los franceses no querían hacer. Luego volvió a España y trabajó en el campo; que si la aceituna, que si la siega, al final los espárragos, "pa rentabilizar la tierrecilla", pero eso ya era muy duro, y más con la patingola tiesa.
Al fin le llegó la paguilla de Francia, no mucho pero suficiente para que la mujer mantuviera la casa.
El hombre más feliz de Setenil tiene una finquita, cuatro palmos de tierra pedregosa junto a un arroyo, unos olivos, un par de nogales, una higuera y algún almendro. Todos los días se levanta temprano, se toma un café bastante cargado y allí se dirige.
En su terreno hay una casilla destartalada, algo de luz, agua que recoge de un viejo pozo y un pequeño corral para las gallinas. Detrás tiene un huerto donde planta tomates, pimientos, berenjenas y todo lo que la tierra pueda darle. Las papas las siembra dos veces al año y cuando las recoge llena una habitación entera de la casa, las esparce por el suelo, les hecha unos polvitos contra los bichos y las tapa con unas sábanas para que no incida la luz sobre ellas.
En otra habitación, colgados de una viga, hay chorizos, morcillas y salchichones, fruto de la última matanza. En la alacena guarda su tesoro más preciado; unas fiambreras de chicharrones que quitan el sentío, crujientes y grasientos envueltos en manteca blanca. Para octubre, el hombre más feliz de Setenil ya tiene preparadas las aceitunas; las recoge de unos olivillos señalados, las endulza en una tinaja de barro, las parte y las aliña con una receta propia que no quiere desvelar. Quizás este año tenga algunas conservas de tomate o berenjenas, que aquí nada se desaprovecha y todo se utiliza. Si apetece algo dulce, puede que su mujer ya tenga listas en una fiambrera las primeras carnes de membrillo con un toque de naranja.
La gracia de la vida la recoge los viernes; una garrafa de vino corriente que está de muerte, que ya lo quisieran en los mejores "restauranes de la Francia", y que sirve en un jarrillo de lata que tiene colgado en un nogal junto al arroyo.
Allí se sienta a media mañana o cuando le viene en gana, con la pata tiesa que parece de madera, saca su vieja navaja de Albacete y corta algo de pan que unta con chicharrones. La garrafa al fresco, y una perrilla que tiene siempre a su vera mirando suplicante por si le cae algún pellejillo o un trozo de morcilla.
El hombre más feliz de Setenil come mientras mira las nubes pasar y los pajarillos volar de un árbol a otro, tranquilo, sin prisas, hace mucho tiempo que no tiene reloj, sólo el sol o la lluvia rigen su horario. De vez en cuando por allí pasa un viejo pastor con su rebaño y Juan se apresura a convidarlo a un vaso de vino, mientras las cabras ramonean en los rastrojos o en los chopos del arroyo.
Muchas veces, en la soledad del campo se pone a pensar en las cosas de la vida, la dureza de los trabajos de antes, los desaires y las injusticias. Se queja de su mala suerte y de que la vida no le ha ido todo lo bien que quisiera, quizás le dé por envidiar a la gente que vive en la ciudad, que tienen buenos coches y dinero para gastar y comprar cosas... Juan, es el hombre más feliz de Setenil, pero aún no lo sabe.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El Cielo desde Setenil

Me manda Juan Ignacio un artículo donde da rienda suelta a una de sus grandes aficiones, la astronomía, un tema desde luego al que me acerco virgen e impoluto pues reconozco mi total ignorancia en la materia, aunque no por ello dejo de sorprenderme ante cualquier descubrimiento científico o la simple visión del firmamento en una noche estrellada.
En un blog como este, donde la mayoría de las veces nos dejamos llevar por el día a día, la anécdota o lo que los especialistas llaman la microhistoria, ver y conocer lo que hay sobre nuestras cabezas, en el cielo, más allá de lo que ha simple vista se puede percibir, no deja de hacernos pensar en las banalidades de nuestro mundo y que nuestras alegrías y penas, nuestras disputas y querellas, son sólo un ínfimo átomo de polvo en la inmensidad del universo.
Recuerdo cuando jovencillo, quizás rondando aquellos maravillosos 18 años, cuando nos dio a un grupo de amigos por pasar la noche viendo la lluvia de estrellas, las famosas "lágrimas de San Lorenzo". Así nos fuimos al cementerio para subir al tejado de la emisora que está junto a la ermita de San Sebastián y acostarnos mirando hacia el firmamento dirección noroeste. Allí estábamos Antoñín, Pepe, Antonio María, mi primazo José, Blas, Fali desde luego y otros muchos. Las risas y las bromas se sucedían sin parar. Muchos de los mejores chistes que he escuchado en mi vida son de aquella noche.
Pronto, a eso de las dos de la madrugada comenzó la lluvia de estrellas. Al principio las contábamos y pedíamos deseos, pero luego, cuando aquel goteo constante empezó a convertirse en una verdadera catarata, simplemente nos callábamos y disfrutábamos del espectáculo. No creo que por aquel entonces alguno de nosotros conociera la explicación científica de ese fenómeno, pero desde luego estábamos sobrecogidos ante la maravilla de la que éramos testigos. Quizás, sin saberlo, nunca vimos las cosas tan claras y nítidas como en aquel instante.
Pasarán los años, y seguramente, para la mayoría de los que estuvimos allí, esa noche de verano fue sin duda una de las más mágicas y especiales de nuestra vida.
Así pues, con ustedes un viaje a las estrellas desde Setenil para dejarnos sorprender por la inmensidad del cosmos. ¡Os dejo pensando y con la fantasía volando!
¡Salud!


Astronomía desde Setenil.
Juan Ignacio Marín Gómez.

Si el lector del blog busca mediante Google “Astronomia Setenil”, no tardará en encontrar bastantes entradas donde figura una “Agrupación Astronómica de Setenil” y, sin duda, le provocará extrañeza y curiosidad, ya que si pincha cualquiera de esos enlaces verá que le redirigirá a algún listado de asociaciones astronómicas donde figura ésta, entre otras muchas

El 26 de marzo de 1986 , quien suscribe y algunos entusiastas más, fundamos dicha Agrupación, cuyo objetivo era la divulgación de la Astronomía y ciencias afines. Quedó legalmente registrada en el Registro Regional de Asociaciones y un año después comenzamos a editar un boletín impreso, bimensual, del cual sacábamos fotocopiados unos 30 o 40 ejemplares. Desde entonces y hasta 1999, se publicó ininterrumpidamente (trece años, nada menos) llegándose a intercambiar con asociaciones de toda España y a veces con alguna extranjera.
De Genérico
Nuestra agrupación disfrutó durante muchos años de ser la primera de toda la provincia de Cádiz y una de las pocas que en la década de los ´80 había en Andalucía. Afortunadamente ahora hay bastantes más en la provincia, y muy cerquita nuestra se desenvuelve la de Ronda, por ejemplo, con entusiastas seguidores de esta noble ciencia.

Hoy me vinieron a la memoria, al ojear viejas fotos, el recuerdo de una exposición fotográfica que realizamos en la Torre del Homenaje, allá por agosto del 87. Un resúmen de las actividades fue publicado en la revista de tirada nacional “Tribuna de Astronomía”,nº 50,en Enero de 1990, pag. 25, incluyendo foto a color donde descubro a Auxiladora Luque (¿sigues escribiendo poemas?) y a su hermano Norberto visitando la exposición, junto a un servidor (con más pelo, muchos menos kilos, es menester reconocerlo) y de fondo las fotos que la sonda Voyager envió del planeta Neptuno. Esta revista nacional sigue existiendo (“Astronomía”, a secas.) En este artículo se comentaba que ofrecí a los setenileños una charla sobre astronomía o telescopios que duró … tres horas, y sufrieron unos cincuenta paisanos. Entiendo, después de esto, que esta afición nunca haya cuajado del todo en nuestro querido Setenil. Recuerdo la charla, vagamente, debió ser en 1985, poco antes del cometa Halley (1986) , antes de que existiera la Agrupación. Luego fuimos a la plazoleta de El Carmen, montamos un telescopio y los que se acercaron pudieron ver Saturno, o Marte, ya no recuerdo tanto. En fin, ¡qué cosas, cómo pasa el tiempo¡
Siguiendo con los recuerdos astronómicos, he rescatado la foto de otro cometa, el Hale-Bopp. Desde Setenil pude captar en un par de noches una secuencia fotográfica bastante extensa del cometa. La foto que acompaño es del 25 de Marzo de 1997. El método fue colocar la cámara sobre el telescopio, con un objetivo de 135mm y 5´ de exposición a f/2.8. La misión del telescopio era simplemente efectuar el guiado para que la foto no saliera movida. Se ve en la foto las dos colas del cometa, una iónica (la azul) y otra de polvo (la blanca).
De Genérico
La mancha de la izquierda es la copa de una encina enorme que plantó mi bisabuelo y, que como muchas de Setenil, da bellota dulce. Si os fijáis, encima de esta sombra hay, en el cielo, una manchita amarillenta que no parece una estrella: es la galaxia de Andrómeda.
Este cometa fue uno de los más espectaculares y fotogénicos de estos años, aunque después han aparecido otros igualmente notables, como el Hyakutake o el Holmes más recientemente.
Afortunadamente, el cielo de Setenil sigue siendo oscuro, menos que hace veintitantos años, desde luego, que apagaban la mitad del alumbrado público a eso de la una, y ya de madrugada casi todas las farolas. Como anduviera trasnochando con los amigos, novia o primos, me tocaba volverme a casa en la casi más completa oscuridad: la carretera era una insinuación plateada, y la Via Láctea literalmente se le caía encima a uno. La grandeza del cosmos se revelaba como no se puede describir, de ningún modo, con palabras.
[Juan Ignacio Marín Gómez]

jueves, 23 de septiembre de 2010

Las armas del asedio de Setenil en 1407 (1ª Parte)

Vuelve a la carga, y nunca mejor dicho, nuestro amigo y colaborador Juan Ignacio Marín, para hacernos un análisis del asedio de Setenil por los castellanos en 1407, según la Crónica de Juan II de Castilla, y darnos de esta manera una visión de las artes y usos miliares en el asedio de fortalezas en la Edad Media, con la deliciosa particularidad de que los hechos ocurren en el mismo casco urbano de Setenil, por aquellos entonces un castillo en lo alto de una peña rodeado de campos y bosques.
Logra Ignacio con sus referencias adentrarnos en el prosa añeja de los textos medievales, y no resulta muy complicado imaginar a esos valientes hombres batirse a la desesperada combatiendo al enemigo por nuestras breñas y tajos
Un texto de lectura amena, quizás políticamente incorrecto con esto de la tan manida alianza de civilizaciones, que analiza uno de los documentos históricos más importantes que se refieren a Setenil.

Portada de la Crónica

LAS ARMAS DEL ASEDIO DE SETENIL EN 1407. ( I )
Juan Ignacio Marín Gómez
Arqueólogo.


(Esta entrada consta de dos partes. En esta primera repasamos el asedio a Setenil durante el mes de Octubre de 1407. En la segunda parte, hablaremos de las armas que se empleaban comúnmente en esta época y en particular en este asedio, dando cuenta de algunos hallazgos curiosos.)
El siglo XV supuso, para los habitantes de Setenil, una época difícil. A finales de 1407, durante el mes de Octubre, el infante Don Fernando intenta la toma de Setenil, aventurando que fuera un sitio rápido, máxime cuando acaba de conquistar Zahara y Montecorto. La frontera castellana se acerca aún más, poniendo a Setenil en un lógico punto de mira para las aspiraciones cristianas.
Fracasado el intento de octubre, después de unas semanas de duro asedio, los castellanos levantan el sitio, pero no por ello llega la paz a nuestra villa fronteriza. Tres años después, en 1410, Hernando de Saavedra realiza una cabalgada por los campos setenileños que le cuesta su propia vida. En 1438, una sublevación de los cautivos cristianos de Setenil provoca una expedición desde Jerez para apoyar la sublevación, aunque el fracaso del motín hace desistir a las fuerzas cristianas. En 1455 el Rey ordena, a través del Duque de Medina Sidonia, la tala de los montes de Setenil, para privar a sus habitantes y guarnición de frutos y combustible. En 1482 el Marqués de Cádiz destruye viñedos y cosechas, en la misma línea de procurar desabastecer a los setenileños. En 1483, los caballeros setenileños junto a su alcalde participan en la batalla de Lopera, que ganan los cristianos, debiendo huir los setenileños. Solo un año después, 1484, en la campaña que será definitiva, el Marqués de Cádiz cerca la villa con dos mil de a caballo. Llega una semana después el rey católico, don Fernando, y se ultima un cerco con 12.000 soldados y las armas más novedosas de la época, todo un despliegue de tecnología que termina, como nos es conocido, con la resistencia de los setenileños, abriéndose la ruta hacia la conquista de Ronda y todo el Reino de Granada.


El asedio de 1407 en la crónica de Juan II de Castilla
El primero de los dos asedios que tuvieron lugar, el de 1407, ya fue escenario del uso de “artillería”, y no precisamente fue poca, aunque no comparable todavía a la importancia que cobraría medio siglo después. Entre este asedio y el definitivo, los episodios de escaramuzas se suceden con un armamento más tradicional : caballeros y peones, armados con lanzas, espadas, ballestas y cuchillos. De la parte musulmana, no hay armamento pirobalístico.

En la crónica de Juan II de Castilla podemos disfrutar, seiscientos años después, de la narración de los esfuerzos de uno y otro bando en esta lucha.

Comienza, para nuestros propósitos, en el capítulo 62, donde los moros de Torre Alháquime, (la Torre del Alaquín) viendo al Infante avanzar a Setenil ( e que sopieron que el Infante yba con hueste tan poderosa) la abandonan
apresuradamente. Los cristianos de Olvera la ocupan inmediatamente. Podemos imaginar la columna de peones y caballeros, con banderas y pendones, filas interminables de carretas de bueyes tirando de infinidad de pertrechos, tiendas de campaña, piedras –pelotas- para munición de las lombardas, víveres, auxiliares carpinteros y herreros…todo un espectáculo que debió pasmar a los espías de las guarniciones.

En el capítulo 63, el Infante llega a Setenil en la persona del maestre de Santiago don Lorenzo Suárez de Figueroa, quien es encargado de asentar el real. Este maestre ,como “hera buen caballero e muy sabio de la tierra” , un hombre prudente, vamos, hizo bien su trabajo. Una parte del campamento lo hizo asentar en un viñedo por encima de villa, que debe ser el olivar que hay si subimos desde la cooperativa o el Alambique hasta llegar al tajo desde donde se divisa el núcleo urbano, zona amplia y bastante llana desde donde se domina la cara norte de la Villa. Otro campamento lo situó enfrente de la puerta de acceso a las fortificaciones, lo que es hoy la calle Reyes Católicos, posiblemente arriba, en el cruce. Se explican estas dos situaciones porque ambas estaban bien comunicadas y en altura suficiente para dominar a los sitiados.
Una vez tomadas las posiciones, se instalan rápidamente las lombardas. La más grande, que al parecer debía ser famosa en la época, aunque no he encontrado más noticias de ella anteriores a este sitio, se apodaba “la de Gijón” se colocó apuntando a la entrada a la Villa.
Lombarda

Las otras dos lombardas “que dizen de fuslera” las instalaron en el otro real. Enseguida empezaron su lenta cadencia de fuego, y pese a ello, gastaron el aprovisionamiento de piedras, al punto que tuvieron que buscar canteras rápidamente los picapedreros para abastecer todas las lombardas.
La crónica nos narra que al poco quebró la lombarda “de Gijón”, por lo que se mandó a avisar que trajeran otra desde Zahara, la que llamaban de la Vanda, y que era aún mayor que la -caída en acto de servicio- de Gijón. Esta consiguió golpear la torre de la entrada (no la del Homenaje) “e magüer que era ciega”, o sea , maciza, llena posiblemente de piedras y tierra, la desmochó e hizo bastante daño. También le dio a la del Homenaje, atravesando la bóveda.
Prosigue la crónica en el capítulo 65 describiendo las dificultades de aprovisionamiento de piedras: que si estaban lejos, que si los bueyes del rey estaban flacos y no podían tirar de los carros cargados…así que acuerdan en Consejo que cada caballero, rico home y los del Consejo, trajesen cada uno con sus propios medios (vamos, a sus expensas), ocho piedras, por turnos, de manera que cada día hubiera cuarenta piedras (se deduce que cada día eran cinco los afortunados caballeros: No es seguramente la idea que tendrían de perpetuar su memoria en piedra, pero…así es la guerra).
Pelotas de cañón

Cuando la lista (la nómina, dicen en la crónica) llegaba al final, volvían a empezar por el primero. Con semejante aprovisionamiento, las lombardas disparaban todo el día e incluso parte de la noche. Desmocharon muchas almenas, abrieron boquetes en lienzos de algunas torres y..los moros setenileños se afanaban en rellenar de tierra los desperfectos para cegar las torres .
En el capítulo 68, el autor (Alvar García de Santa María), nos hace un resúmen breve de la situación en los capítulos anteriores: Que había cuatro lombardas combatiendo contra Setenil, contando la de Gijón, que se adobó (se averió), y que envió a por otra a Zahara, muy grande, que tiraba piedras de seis quintales (es decir, que habiendo cuatro, solo servían tres)
Viendo que la Villa no se rendía, decidieron añadir medios más “tradicionales” Imaginemos las escena a vista de pájaro…montes de olivos y viñas ,selva de encinares. En las riberas del río, nogales. La Villa, rodeada de muros almenados, un alcázar con la Torre del Homenaje, bullir de soldadesca en el interior y trajinando con cestos de tierra y piedras. Ballesteros apostados intentando vanamente hacer blanco en algún cristiano despistado y a tiro, que no, están lejos todos. Fuera, desde dos campamentos casi opuestos, tres piezas son cargadas de pólvora y abastecidas de pelotes de piedra del tamaño casi de un balón. Con una aburrida monotonía, las piezas son cargadas y disparadas
Los caballeros y peones cristianos (que son algunos miles) más bien ociosos. Unos, jugando a los dados, chismorreando sobre la maravillosa tarea de acarrear pelotas para tirar a los moros. ¡ Bum ¡ todos alzan la mirada, uy, casi ¡. Al buen rato, ¡Bum¡ toma ya, (imagine nuestro lector un medieval denuesto , más grueso que un “chúpate esa”). Impacto en un lienzo. El pelote se hace gravilla mezclado con la piedra y mortero del muro, que cae en cascada levantando polvo y dejando a la vista un hermoso boquete o mella. Los moros, desde dentro, siguen los avatares, y a taponar brechas. Los vecinos, escondiéndose donde buenamente pueden, en las zonas más reservadas, minas y pasadizos, alejados de la fortaleza.

El juego parecía no tener fin y los cristianos arman una “bastida”: ese tipo de máquina de guerra que ya usaban los romanos, una torre de madera convenientemente protegida que se arma a cierta distancia y se acerca poco a poco frente a las murallas de la ciudad sitiada. Desde dentro, los sitiadores pueden disparar saetas contra los sitiados desde la misma altura y llegado el momento, acercando totalmente la torre, acometer el asalto. Desde la parte inferior también se podía intentar minar los muros, cosa imposible en Setenil por la naturaleza física del lugar.

En el capítulo 73, nos cuenta el cronista que siendo 17 de octubre, lunes, antes de que el sol saliese y siendo el día claro (No busque el lector el texto original de la Crónica: no nos informa de la hora), los moros vieron desde lo alto del adarve que los cristianos solo tenían siete hombres de armas protegiendo la bastida y las lombardas. Seguramente tenían la acción planeada y solamente estaban esperando el momento oportuno: Salen en estampida entre ochenta y cien moros, armados de ballestas, lanzas y adargas, cogiendo desprevenidos a los cristianos: matan a dos que cuidaban de la manta (la bastida) y capturan un un bacinete de armas y dos lanzas .Al grito de ¡Armas¡, los cristianos acuden a la defensa. Viendo que la cosa se pone fea, el alcaide de Setenil, lanza en mano, empieza a empujar a los suyos a mastilazos hasta hacerlos entrar a cubierto.

La bronca que el Infante les suelta al condestable y al mariscal no fue pequeña, precisamente. No se le puede despertar a todo un Infante de madrugada al grito de armas , que te maten a dos de los tuyos, y te vengan deshechos en excusas los lugartenientes. No, hombre,no, y menos sin un mollete ni un jarro de leche tibia en el cuerpo. Y con este frío…
La irritación del Infante debió ser muy dura, al punto que Alvaro, camarero del Infante “pensó en el enojo que avía tomado el Infante por lo que los moros (…) fizieron, e pensó si los podría engañar, porque enmendasen el enojo que el Infante avía tomado” :ideó un plan. Posiblemente (no me lo tome en serio el lector) había oído esa historia del caballo de Troya, así que decidió que la bastida, que estaba afortunadamente intacta, se podía llenar de aguerridos caballeros, esperando que los moros salieran de nuevo, confiando otra vez que hubiera poca gente guardándola.
Pero ¿cómo hacerlos salir?, aquí se nos revela la picardía del camarero: Haciéndoles creer que el mismísimo rey de Granada viene a socorrerlos , atacando por retaguardia al Infante cristiano.

Imaginemos al sufrido camarero, soportando la mala leche (perdón) del Infante, que además padecía del bazo ( o que tendría úlcera) , debió pensar a toda carrera este plan… qué hombre, por Dios, a ver si se alegra y nos deja en paz un poco ( no me dirán que este sitio de Setenil no da para un guión de película). “E fuélo a decir al Infante o que avía pensado, e al Infante plogo dello”. Plan aprobado, se ejecutó de la siguiente manera: Fueron llegando jinetes alertando que el rey de Granada venía a combatir al Infante. El día 19 hubo rebato, y al grito de armas, los cristianos salieron de punta en blanco , en menos de media hora “se juntó muy fermosa gente”, pese a la mentira, parece que a muchos cristianos les hubiera gustado que de verdad hubiera venido el granadino. Por cierto, ya este día, y ante la escasez de sueldos y vituallas, muchas tropas cristianas ,hasta mil cuatrocientas lanzas, cuenta el cronista, se marcharon a sus casas.

Los moros muerden el anzuelo, y se asoman al adarve para salir, pensando que entretanto la bastida estaría desguarnecida..pero “vieron la gente, que era mucha más de la que ende solía estar, e que se non podría encubrir”, diría el cuento que le vieron las patitas al lobo, así que “escusaron la salida”. Debió resultarles casi cómico ver la base de la bastida tan repleta de gente que no se podían esconder.

Apenas dos días después, Juan de Porras con su hermano Lope y Pedro de Barrientos fueron camino de Las Cuevas a por cebada, pan y trigo que allí había (pues los moros la habían abandonado ante el ataque de estos junto con sesenta lanceros y un par de días de lucha, a primeros de mes –cap.67-) pero fueron engañados en una celada bastante clásica: unos veinte moros, mal armados, se dejaron ver por el camino. Los buenos de Juan y Pedro sin pensarlo dos veces, comenzaron a perseguirlos, y los moros a huir hasta llegar a un recuesto . Allí esperaban otros ochenta, ballesteros y lanceros. Como es de suponer, murieron los cristianos –con las botas puestas-. La historia tiene amarga moralina:

“El los mançeuos deven tomar ejemplo, que siempre deuen escusar la pelear con los vallesteros e lançeros de pie, siendo ellos a caballo, en la sierra e en los grandes recuestos, do los caballeros no pueden subir ni deçender sino a gran peligro.”.

Esta emboscada tuvo lugar entre Las Cuevas y Setenil, y no sería la última en este paraje.

Sigue la crónica con Setenil. También ese viernes (la muerte de Juan de Porras fue el viernes 21 de octubre aunque no especifica si el mismo o el siguiente, se puede deducir por las fechas que se siguen en el cap.79 que se refiere al mismo viernes 21), los moros hacen otra salida nocturna contra la temida bastida que acecha cerca de la entrada a la villa. En esta ocasión encuentra seis hombres de armas y dos ballesteros. Matan a uno y capturan a dos soldados, que meten en la villa. Uno debió morir de las heridas y a la mañana siguiente lo echaron por lo alto del adarve, desnudo como nació. Un auténtico “viernes negro”.

Definitivamente, el Infante estaba muy enojado. En un esfuerzo final, reparten en ocho sectores un ataque contra Setenil, encomendando cada parte a ciertos caballeros con sus cuadrillas. Cada uno de estos tenía además una escala para acometer el asalto. Sin embargo, los esforzados caballeros tenían otro parecer. Temían que con lo complicado del sitio y lo envalentonados que estaban los setenileños, un ataque así les costaría muchos muertos y no merecía la pena tal hazaña por conquistar Setenil (ese era su parecer, no lo digo yo, discúlpeme el lector). Aducían que debían primero cegar el foso, para arrimar la bastida (que le faltaba acabar de encuerarla)..ante tantas excusas, el Infante hizo que acabaran la bastida y se bajara hasta la misma puerta de la villa, y en un solo día (estamos a sábado 22 de Octubre).
Torre Bastida


El Infante mandó anunciar el domingo 23 que al día siguiente, 24 de Octubre, lunes, las cuadrillas estuvieran a punto. Llegado el lunes, hasta quinientos hombres empujaban y tiraban de la bastida con idea de asomarla al foso para cegarlo y cruzar hasta la barrera y la puerta de la villa. La mala fortuna que acompañaba a estos esforzados cristianos hizo que la bastida metiera una rueda en un bache, que parece que les costó lo suyo sacarla de allí. De la lectura de la crónica se deduce que la bastida iba montada sobre varios carros. Uno de ellos se quebró, y al quedar cojo el invento, la torre comenzó a desconcertarse (desarmarse) por el peso de los cueros. El carpintero que podía arreglarla estaba herido en una rodilla de un “biratón que le tiraron de la villa”, así que con semejante baja laboral, no había solución para el arreglo.
La bastida inutilizada, los caballeros desganados y molestos .El Infante llama al Consejo y éstos le vienen a decir que desde luego no se puede decir que el Infante no fuera esforzado y decidido a tomar Setenil, pero que, vaya, el invierno se les echa encima, no se encuentran provisiones para tanta gente y lo poco que se puede comprar es muy caro, que los moros tienen viandas para resitir y que Setenil, en definitiva, “ es muy fuerte a marauilla de quantas fuerças en el mundo son”. Prosigue el consejo, más lisonjero y suave, haciéndole ver que hay que dar gracias a Dios, pues en poco tiempo consiguieron tomar Zahara y otros castillos (se refiere a La Cueva y a Torre-Alháquime), por eso,”sed pagado con lo que Dios vos dio, e no querades las cosas fuera de razón”, como querer que la gente luche sin dinero y sin comer.
Nuestro Infante, oidas estas razones, todavía insiste en pelear un par de días mas, para salvar la honrilla, pues que en dos semanas y media no han hecho casi nada, aparte de tirarle pelotas de piedra a los setenileños. Insiste el consejo: que la peña es muy alta, que poner una escala en semejantes tajos supone que antes de que suba un escalador ya los de arriba lo han echado abajo y matarían a muchos, y para nada, etc.
Todavía porfía el Infante, que le dijeron que Setenil se tomaría en dos o tres días, que qué le contestan a eso, por qué le aconsejaron así..el paciente Consejo se defiende, que de lejos no parecía Setenil tan difícil de tomar, pero que , en fin, “ los reyes no pueden ganar todos los lugares sobre los que se echan”.
Tranquilizada su propia conciencia, el Infante liquida el asunto: al día siguiente se partirán para Olvera, a dos leguas de camino. Se levantaba el cerco de Setenil.

(continuará)